Playa, la salvación de los pobres en el verano de Cuba
Ir a la playa es la opción veraniega más barata y popular entre la cubanos que no pueden pagarse reservaciones en hoteles o salidas a lujosos bares y restaurantes.
Playa de un Círculo Social Obrero en La Habana. /Foto: Yunia Figueredo. ADN CUBA
 

Los que vivimos en barrios distantes de la costa, tenemos que organizar una excursión para disfrutar del mar”, dice Daniel, un vecino de Mantilla, que viajó con su familia a Jaimanitas.

Así se preparó la aventura: “Ahorramos como la mitad del salario para ese día y cargamos con la comida y con bastante agua. Llevamos la bocina de música, ron, y refrescos y confituras para las niñas. Rompimos una maldición que nos persigue, que es no poder sacar a las niñas a pasear en las vacaciones”.

Pero Daniel llegó a la playa derrengado, “las mochilas pesaban una enormidad. Las guaguas llenas fueron una tortura. La playa estaba repleta. Gracias que fuimos precavidos y llevamos agua y comida, porque la cafetería y el restaurante son por reservaciones y solo para los miembros del círculo social”. 

La playa es la opción más barata”— comenta  Yipsy, ama de casa y vecina de Lawton, quien se considera una experta en ese asunto—  Yo llevo la comida y las cosas de la casa y así solo tengo que gastar en las guaguas”.

Desgraciadamente las mejores playas han sido ocupadas por Círculos Sociales Obreros. El Ministerio de la Construcción se apoderó de La Concha, Industria Ligera y Pesca, se agenciaron las dos playas de Jaimanitas, el Cristino Naranjo es para el Ministerio del Interior, etc. Los sindicatos negocian la sumisión de los obreros, con el disfrute del mar como prebenda.

 

 

Para Yipsy, la revolución se jactó en sus inicios de intervenir las playas propiedades de clubes privados, que negaban el disfrute al pueblo, pero luego las cerró nuevamente y exigió ser afiliados a sindicatos para poder utilizarlas.

El pueblo se quedó con el diente de perro. Las playas del este no pertenecen a sindicatos, pero están muy distantes y es difícil desplazarse hasta ellas con niños pequeños. Por lo menos yo no las recomiendo a las madres de pocos recursos”, comentó.

Katherine Gainza, una residente en el barrio La Güinera del municipio San Miguel del Padrón, aunque no trabaja, consiguió “por la izquierda”, una reservación en un Círculo Social Obrero. Pero no salió satisfecha.

La playa estaba sucia, tuve que acostarme en una tumbona encima del sargazo. Como no tenía carnet de miembro, a pesar de tener la reservación, me dejaron para el final y no alcancé ni confituras ni cervezas. Estuve apartada allí y todos me miraban como un bicho raro”, cuenta.

Lucia Urgellés, de Arroyo Naranjo, es madre soltera y dice que para hacer feliz a sus hijos, no necesita ni un padrastro, ni la compasión del Estado:

Ambos son muy parecidos. Te sacan el zumo, viven de ti, y cuando no le das lo que exigen te patean y te dejan. Me he vuelto fuerte a la fuerza y a mis hijos se los digo todos los días: ‘si nos toca el diente de perro, bienvenido sea, mañana no tendrán que agradecerle nada  a nadie’”.