San Lázaro, Babalú Ayé: inspiración para artistas cubanos
El arte cubano no ha estado ajeno al tema de la religión, y particularmente ha homenajeado la raíz popular de San Lázaro. ADN Cuba ha querido mostrar algunos creadores y sus obras relacionadas con “el milagroso” y sus fieles
 

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El católico San Lázaro, el orisha Babalú Ayé. El sincretismo unió ambos iconos en la devoción de cubanos que profesan distintas religiones, o incluso a aquellos ninguna, pero en algo creen y al viejito malherido encomiendan su fe y peticiones.

El arte cubano no ha estado ajeno al tema de la religión, y particularmente ha homenajeado la raíz popular de San Lázaro. ADN Cuba ha querido mostrar algunos creadores y sus obras relacionadas con “el milagroso” y sus fieles, en este 17 de diciembre cuando muchos se encomiendan a él mediante peregrinaciones a sus templos, u oraciones en casa.

En el año 2001 el emblemático grupo Enema realizó Suelo raso, performance de cuerpo colectivo que tuvo una duración de 6 horas y 15 minutos ininterrumpidos. Varios artistas hicieron una cadena humana, y arrastrándose avanzaron desde el poblado Santiago de las Vegas hasta el santuario de El Rincón, cercano a La Habana.

Fueron unos 4 kilómetros de recorrido, en los que varias personas del público de la procesión se sumaron espontáneamente o apoyaron a los artistas.

El Premio Nacional de Artes Plásticas, Lázaro Saavedra, fue uno de los participantes como integrante de Enema, y a propósito de la celebración en honor a San Lázaro este año, recordó: “En los días posteriores a la performance, el colectivo Enema se reunió (…) en el ISA [Instituto Superior de Arte] para intercambiar sobre lo experimentado ese 17 de diciembre. Entre las cuestiones debatidas, una polémica sobre arte y religión emergió en ese encuentro. El colectivo se dividió entre los que afirmaban que lo sucedido esa noche era una experiencia religiosa, no era arte. La otra parte defendía el punto de vista de que lo sucedido era arte, no tenía que ver con lo religioso, era la 'institución arte' moviéndose al contexto religioso”.

“Sin diálogo y polémica no hay pensamiento, el resultado positivo de ese encuentro reveló la frontera entre arte y religión, una dimensión donde no tenía sentido asumir posiciones extremas”, expresó Saavedra, uno de los presentes también en la protesta frente al Ministerio de Cultura, del pasado 27 de noviembre.

Documentación de “Suelo raso”. Foto: Tomada del blog de Suset Sánchez


Un artista que ha vuelto en más de una ocasión a Babalú ayé, es el coordinador del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero Alcántara. En el 2012, realizó una pieza escultórica que luego integró a un performance de la serie Con todos y para el bien de unos cuantos (2012-2013).

“Siguiendo la tradición de promesas que se realizan a San Lázaro, elaboré en papier maché una imagen del ícono y deambulé por las calles de La Habana durante dos meses (hasta el 17 de diciembre, día de celebración del Santo), recogiendo limosnas que luego doné a la Perrera Nacional. La representación de Babalú ayé fue obsequiada a una familia de devotos, la cual aún hoy es objeto de adoración que ha impulsado la formación de un mito popular”, contó Otero Alcántara en un documental.

El activista fue más allá de la frontera entre religión y arte en 2017, y como los de Enema, hizo un performance camino al santuario. Solo que el gesto de Otero fue más extremo. Se propuso recorrer una distancia mayor y con una piedra atada al pie, desde la Habana Vieja. En esa ocasión ocurrió uno de sus primeros choques fuertes con las instituciones del régimen, cuando fue arrestado por la Seguridad del Estado y lo mantuvieron preso varios días, sin quitar la roca de su pie, ni el atuendo alegórico.

No soportaron los pedidos que el artista, codo a codo con los más humildes, llevaba hasta San Lázaro: libertad de expresión, acceso a Internet, democracia para Cuba, y que su generación recuperara la fe. También repartiría estampas con un rezo al santo y recaudaría dinero para la realización de la independiente #00Bienal de La Habana.


La cultura cubana se lleva allí donde vaya un nacido en esta isla, y lo demuestra el gran fotógrafo Geandy Pavón, radicado en Nueva York. A propósito del día de San Lázaro publicó dos obras de su autoría, hasta ahora inéditas, pertenecientes a la serie en curso Aural Images.

En una, muestra una representación muy distinta de la deidad: el Babalú Ayé de los cubanos está personificado por una mujer. En la otra imagen, también signada también por su cuidada estética, excelente manejo de la luz y composición, el artista se presenta a sí mismo en el interior de su hogar de exiliado, con llagas y muletas para ayudar a sostenerse en la tradicional posición del ícono.


Fernando Rodríguez Falcón fue otro de los que utilizó Facebook para “exponer” este jueves su obra, en este caso el San Lázaro (1991) que realizara bajo el heterónimo Francisco de la Cal. La escultura pertenece a la serie Mis dioses mi familia. Se trata de una madera tallada y policromada, que integra la Colección Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.

Sin embargo, esa simbiosis entre el arte y la fe siempre ha encontrado la mirada hosca, cuando no la intervención censuradora, del poder político en Cuba. Este 17 de diciembre, el Movimiento San Isidro pretendía acompañar al rapero Maykel Osorbo a dar por finalizado un performance que venía realizando desde hace semanas.

San Lázaro (1991), de Fernando Rodríguez Falcón


El gesto, catalogado por la profesora e historiadora de arte Anamely Ramos como uno de los más interesantes de los últimos tiempos, consistía en que Osorbo llevaría en todo momento el uniforme reglamentario de prisionero, durante meses, hasta depositarlo este 17 de diciembre en el santuario de El Rincón. Así señaló que la libertad en las calles de Cuba es una ilusión. Todos estamos, de cierta manera, prisioneros dentro de los límites régimen. También el performance le sirvió para pedir la liberación de Silverio Portal y todos los presos políticos.

Pero la policía política, al parecer temió que las simpatías convocadas por el MSI durante las recientes semanas de huelga de hambre y acoso de la dictadura, terminaran en un apoyo popular en el espacio público, si los dejaban terminar como querían el performance en El Rincón, tradicionalmente lleno de peregrinos. Al momento de publicar esta nota, Maykel Castillo, el “Osorbo”, está detenido arbitrariamente.