Coronavirus en Ecuador: el camino de la tragedia
En la primera semana de abril se levantaron 500 cuerpos en Guayaquil. El rastro del drama ecuatoriano por la COVID-19 revela descontrol, subregistro de casos y la inoperancia del sistema sanitario
Cuerpo en calle de Guayaquil. Foto: Bloomberg

La supuesta paciente cero que diseminó la pandemia de SARS-CoV-2 en el Ecuador arribó a Guayaquil el pasado 14 de febrero en un vuelo de Iberia, procedente de Torrejón de Ardoz, un municipio de Madrid. El sistema de salud ecuatoriano identificó su caso como positivo el 26 de febrero, cuando su salud se tornó crítica y debió ser entubada.

Desde entonces, la tragedia fue en aumento en la nación sudamericana hasta llegar a escenas inimaginables, entre ellas la vista de muertos en las calles y cuellos de botella en los servicios funerarios.

¿Cómo se llegó a esta dantesca situación? El medio de comunicación Infobae siguió el rastro del drama ecuatoriano por la COVID-19, y publicó un informe que da cuenta del descontrol, subregistro de casos y la inoperancia del sistema sanitario, entre otras negligencias.

Según el medio, la entonces ministra de salud Catalina Andramuño era una funcionaria seleccionada de forma política para gestionar más negocios que las necesidades de sanitarias.

Andramuño informó que se había constituido un cerco epidemiológico alrededor de la familia y amigos de la paciente. Parecía un protocolo del primer mundo, controlado, con bajo número de casos, sin embargo, era una cortina de humo.

Mientras funcionarios armaban un discurso técnico sobre el cerco que rodeaba a esa paciente, a Guayaquil entraban centenas de personas de todas las latitudes del mundo. Ninguno de los viajeros fue controlado por las autoridades de salud y de seguridad. La Dirección de Aviación Civil no pudo determinar cuántas personas ingresaron a Ecuador desde el 14 de febrero, ni siquiera tenía el dato.

Mientras las autoridades se enfocaban en su propia “burbuja” con la los allegados a la paciente 0, los viajeros que continuaban llegando diseminaron el mal.

El epicentro de la tragedia en Ecuador es Guayaquil, un puerto importante al que migraron ecuatorianos de todas las condiciones. En el corazón de la cuidad se encuentra uno de los centros comerciales informales más grandes de Sudamérica, se vende todo tipo de productos chinos, en almacenes regentados por ciudadanos de ese país. Según Infobae, “sin duda fue el centro de expansión de la epidemia”.
 

 

La ilusión del cerco a la paciente cero terminó cuando el 23 de marzo murió, y las autoridades entendieron que su estrategia no fue efectiva. Para entonces ya se habían identificado 981 casos, un subregistro generado por la incapacidad de tomar muestras y obtener resultados.

“El primer colapso del sistema de salud está marcado sobre todo en la incapacidad de diagnóstico del coronavirus, luego porque el propio sistema de atención estaba excedido antes de la pandemia y finalmente por la cerril inacción de recoger los cuerpos”.
A inicios de abril, el gobierno de Lenin Moreno no tuvo otra alternativa que aceptar el subregistro que existía en las cifras de contagios y fallecimientos. Ya los cadáveres se descomponían en varias zonas de Guayaquil, cuya temperatura media es unos 33 grados Celsius en el día.

Autoridades recogiendo cadáveres en camiones.

 

Ese subregistro llevó a epidemiólogos a tratar de establecer cifras cercanas a la realidad. Un ejercicio publicado en periodismodeinvestigacion.com dio cuenta que el número de infectados a esa fecha era de 10 mil personas y la mortalidad podía rondar el 14,4%, muy superior a Italia.

En la primera semana de abril se levantaron 500 cuerpos en Guayaquil. “Los cadáveres se descomponen en las casas y en las calles, no puedo imaginar cosa más extrema que esa”, escribió en diario Expreso el periodista Roberto Aguilar.

Cofres mortuorios embalados en film plástico aguardaban en garajes, se los miraba a través de los ventanales enrejados que carecen de cristales para permitir el ingreso de la brisa, en las puertas entreabiertas de pequeñas viviendas e incluso de los comercios de las zonas más pobladas, siempre cercanas al estero salado, un sistema de agua cubierto de mangles que bordea los suburbios.

“Alguien, en un acto desesperado levantó un nicho mortuorio con cemento y bloques de hormigón al interior de un hogar, como respuesta a la incertidumbre de no saber si sería el cuerpo retirado”, cuenta el periodista Christian Zurita.

La narración de Zurita para Infobae es desgarradora. Desde Ecuador, el periodista reportó que aquellos familiares que lograron sortear los tramites funerarios debieron enfrentar el escenario de esperar en camionetas, con los féretros en los baldes, por horas y horas hasta ingresar a un campo santo.

Familiar llora junto a féretro al aire libre. Foto: Getty Images

 

“La magnitud de la crisis también se mide además en el número de servidores sanitarios contagiados: 1600 entre médicos, enfermeros, tecnólogos y otros. El Colegio de Médicos de Guayas informó el 8 de abril que 53 profesionales habían perdido la vida”.

A medida que los contagios evolucionan en neumonía y la hipoxemia es evidente en los pacientes, cada familia busca con desesperación oxígeno. En Guayaquil, un botellón se valora en 700 dólares y aún si la familia tiene ese dinero, todos se encuentran ocupados.