Díaz-Balart: reforma migratoria es poco realista

Con la reforma migratoria, los demócratas pretenden abrir un largo proceso que daría la ciudadanía en unos ochos años a 11 millones de indocumentados de origen latino.
Mario-Díaz-Balart
 

Reproduce este artículo

El congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart (republicano, Florida), emitió una declaración crítica acerca del plan de inmigración del presidente Joe Biden.

Según el político, “el plan de inmigración del presidente Biden es un esfuerzo poco realista, enteramente partidista, que descuida nuestra seguridad nacional y es poco probable que obtenga suficiente apoyo bipartidista para convertirse en ley”.

“Como siempre, estoy comprometido a trabajar con mis colegas de manera bipartidista, algo que esta Administración no ha logrado hacer hasta ahora”, dijo el legislador.

El senador Bob Menéndez, también de origen cubano, fue quien presentó el proyecto. Menéndez dijo que la reforma es necesaria y destacó que una clave de la propuesta es abordar las causas de la inmigración ilegal.

Por ejemplo, la reforma incluye un plan de cuatro años para aumentar la asistencia a El Salvador, Guatemala y Honduras.

El proyecto de reforma migratoria que busca otorgar la ciudadanía para 11 millones de indocumentados llegó este jueves al Congreso, con el respaldo del senador Menéndez y la legisladora Linda Sánchez, de raíces mexicanas.

Menéndez, el latino de más alto rango en el Legislativo estadounidense, y Sánchez, son los patrocinadores de la Ley de Ciudadanía Estadounidense de 2021, la propuesta bandera con la que el Gobierno de Biden busca remodelar el sistema de migración del país, que desde hace más de 30 años no aprueba una reforma de este tipo.


La iniciativa busca garantizar una solución a largo plazo para los dreamers, como se conoce a los inmigrantes llegados al país siendo niños y amparados por el programa DACA, y a los beneficiados por el Estatus de Protección Temporal (TPS) —que en su mayoría proceden de Centroamérica— y los trabajadores agrícolas inmigrantes.

Amplía además los visados de diversidad de 55 000 a 80 000, promueve cambios en el sistema de inmigración basado en el empleo y tiene entre sus prioridades mantener a las familias inmigrantes unidas.

Un esfuerzo similar fue liderado en 2013 por el entonces presidente Barack Obama, pero naufragó en la Cámara de Representantes pese a haber conseguido la aprobación del Senado.

Para convertirse en realidad, la propuesta de Biden deberá contar con la totalidad de los votos demócratas en el Senado, 50, y asegurarse diez republicanos. De lo contrario, estará condenada a fracasar como ha sucedido con los intentos de regularización en los años anteriores.

El proyecto prevé un proceso de ocho años para que los indocumentados puedan alcanzar la ciudadanía. Previamente, quedarán amparados por un estatus temporal y, después de cinco años, podrán optar por una tarjeta de residencia permanente (conocida por su nombre en inglés "green card").