La odisea de un viaje en el tren chino
"En Camagüey me robaron el maletín", cuenta Miguel García sobre su fatídico viaje en un tren chino de La Habana a Guantánamo
La odisea de un viaje en el tren chino

Miguel García, natural de Guantánamo y residente en Santa Fe, La Habana, recibió la noticia del fallecimiento de un familiar y se dispuso a viajar en el nuevo tren chino, que según anuncian en la televisión brinda buen servicio. Y vivió una aventura que fue una mezcla de comedia y terror.

"En fin de año y en las vacaciones los precios se disparan hasta cifras enormes, yo pensé que como era febrero la cosa estaría fácil, pero tuve que soltar 15 CUC para subirme al tren guantanamero, que ya estaba listo en el andén", cuenta Miguel, quien asegura que en tren no viaja más.

"Ni en el chino, ni en el japonés, porque el tren puede que sea extranjero, pero las líneas del ferrocarril y el personal que lo opera son cubanos y siempre tienen conflictos".

A pesar que salió en la hora fijada, el Habana-Guantánamo comenzó a acumular horas de retraso por el camino. Primero en los elevados de Luyanó, luego en Guanabacoa, después en Los Arabos, donde estuvo dos horas detenido sin explicación. El colmo fue en Camagüey, allí rompió todos los récords anteriores de tardanza.

“Cuando cayó la noche la gente empezó a protestar, y a sentirse mal, por su lento paso y las continuas paradas. Los coches tenían luz, una novedad, porque antes los trenes no contaban con alumbrado. También traía agua, aunque estaba caliente. Repartieron la comida, una cajita por persona, que a mí se me quedó en una muela. Yo juré una vez, hace años, que jamás volvería a viajar por esa vía, pero el asunto era urgente y como dijeron por televisión que el tren nuevo era una maravilla, me lancé a la aventura. Y me arrepentí”.

"No escogí viajar en ómnibus, por los tantos accidentes que últimamente  ocurren  en la autopista", añade Miguel. "En avión ni pensarlo, además que el aeropuerto queda muy lejos de la ciudad, los familiares que viajan por novedades en la familia deben presentar un telegrama que anuncie el fallecimiento. Existe un trámite ridículo donde la empleada debe llamar por teléfono a la provincia y verificar si la desgracia es cierta".

Miguel confió en el tren chino. Demoró un día y medio de recorrido hasta su ciudad natal.

"En Camagüey me robaron el maletín. Después de ocho horas detenido por reparación, comenzó su lenta marcha a través de la noche, balanceándose como una hamaca, ahí me dormí profundamente. Había colocado el maletín entre mis piernas y cuando desperté ya no estaba. Por suerte llevaba poca ropa, era un viaje de vira y bota, de todas formas fue tremendo daño, porque perdí la toalla, el par de chancletas nuevas y un pantalón acabado de comprar".

"En Las Tunas una oleada de vendedores subieron a los vagones pregonando sus productos. Panes aplastados con pasta, refrescos en pomitos plásticos, que cuando un pasajero lo vaciaba volvían a llenarlo de un recipiente madre y lo vendían otra vez, a otra perdona. Pizzas que parecían zapatos. Caramelos tira y jala y los otros caramelos largos que llaman rompe quijada. Con uno de esos perdí un empaste y me cogió un dolor de muela horrendo. Cuando pasamos San Luis comenzaron los vómitos y las diarreas, parece que el pan con pasta me cayó mal,  realicé el final del trayecto en el baño, que estaba infernal producto de la peste".

Miguel jura que en ese tren no monta más. Aunque luego recuerda que eso mismo dijo hace unos años y al final cayó otra vez en sus garras. En su angustiosa marcha sobre viejos rieles y traviesas gastadas. Y la incertidumbre de no llegar jamás al lugar de destino.  

Escrito por Francisco Correa

Francisco Correa Romero. Guantánamo 1963. Escritor y periodista. Ganó los concursos nacionales de cuento Regino E. Boti, Tomás Savigñón y Ernest Hemingway, además de varios premios internacionales por sus crónicas y reportajes. En 2010 obtiene premio de ensayo sobre Liberalismo en Cuba y en 2011 la editorial Latin Heritage Foundation publica su novela Pagar para Ver. En 2012 obtiene el premio Novelas de Gavetas Franz Kafka con "Larga es la noche".