La Cuba gusana: el regreso del bandidaje
Una serie de la TV cubana desempolva el tema de la lucha contra bandidos en la provincia de Matanzas
Milicianos peleando
 

Este sábado 21 comenzó a trasmitirse la  segunda temporada de Lucha Contra Bandidos (LCBII) por la TV cubana.
La serie consta de 10 capítulos, extensibles a 20, de 45 minutos cada uno, exactamente después del impopular noticiero nocturno.

Eduardo Martin Vázquez Pérez es el guionista elegido. Dada su experiencia en el retrotraído escenario del Escambray villaclareño, “parte de la tropa de combatientes tras la limpia” es trasladada por él al centro-occidente cubano, con idéntico vigor ejemplarizante.

Entre los protagonistas descollan Mongo Castillo (Osvaldo Doimeadiós) y El Gallo (Fernando Hechavarría) “una bendición de que actor como él haya aceptado representar al Caballo de Mayaguara”, repitentes los dos de la primera edición. 

Híbrido de guajiros semianalfabetos Ramón Treto y Puro Villalobos, personas en las que se inspiraron para armar el personaje de Doime, quien tiene un hijo alzado llamado Cloro, infiltrado por demás.

El “agente del G2”, Guayacol (personaje que interpreta Carlos Gonzalvo, o sea Mente’e pollo) también se construyó con varios fallecidos. Ahora “brillará” con más esplendor.

En octubre pasado Paquita (de Cuba) Armas Fonseca, vocera del ICRT, publicó un adelanto sobre el rodaje iniciado a cargo de Roly Peña, quien le confesó fuera “el trabajo más complejo hecho en mi vida”. 

Un director que tiene intercaladas piezas dispares como “Duaba, la odisea del honor”; “José Martí, el enigma” y “Unidad nacional operativa, UNO”, de entre obras de versátil aquilatamiento patriótico, pro-militarista, o sencillamente “seguroso”, se queja de salvables dificultades.

Sería impensable que Roly, con tan vasta experiencia audiovisual, pudiera negarse a batutear nueva saga lacrimógena como si no fuera él partícipe de otro caro culebrón político. Todo el mundo en Cuba sabe que la lucha contra bandidos fue mitad acto de “justicia revolucionaria”, y venganza del Comandante contra cualquier eclosión opositora.

La historia se centra esta vez en la lucha desplegada entre enero y mayo de 1963 en la zona de Atenas de Cuba. También incluye a gente descontenta proveniente de la hoy provincia de Artemisa. 

Hasta 1965 hubo unas 46 bandas con más de  800 miembros en la zona. Es una historia cuasi desconocida. “No se enseña como debiera, argumentan”. Para armarla fue imprescindible la asesoría y “colaboración” de Pedro Etcheverry, subdirector del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado, quien facilitó cientos de documentos “inéditos” entre los que figuraba el resumen de los expedientes de “asesinos de niños y maestros”. Porque adultos no hubo.

Luis Rodríguez guió la cosa a partir de su experiencia como jefe de un “Buró de Bandas”, no musicales. Los oficiales retirados de la DSE, José Luis García y Juan González, ofrecieron aporte vivencial. Humberto Rodríguez, director del Museo de Jagüey Grande, puso en manos de los guionistas parte del archivo semicongelado.

Lucy Villegas aportó recuerdos: ella era la encargada del traslado de las familias más comprometidas con la contrarrevolución. ¿Adónde? No lo dice. A Pinar del Río, agrego yo.

Rodolfo Ortega, Teniente Coronel del MININT, todavía en activo, fue interrogador y conoció a muchos de los personajes que sirvieron de referentes para “crear bandidos y colaboradores”. En serie. Y en la realidad, se entiende.

El alzamiento ocurrió en todo el país, casi al unísono, porque en cada ciudad cubana la traición cometida contra el ideario que llevó al poder a los barbudos forzó a simpatizantes e incondicionales abdicar de sus principios, cuando los discursos ideológicos cambiaron de color por mero interés personal, de gloria y poder del jefe supremo, junto a presiones económicas externas.

No voy a justificar o deplorar las razones de uno u otro bando contrincante en tan turbulento entorno. Porque quienes combatieron a aquellos “bandidos” en el nombre de una pureza “revolucionaria y socialista” casi inmediatamente después pasaron a demeritarla.

Todo el mundo sabe a qué intereses corresponden este tipo de series patrióticas. Porque para producir populismos chatos como Bailando y Sonando en Cuba, hace falta equilibrar la balanza con seriales que conmuevan al auditórium, absorto bajo un mensaje neo apocalíptico y con sofoquina “de un pasado que no se puede borrar”.  

Se trata, según palabras de otra involucrada, de “un producto de excelente calidad que por demás nos acerca a una época convulsa y aborda el esfuerzo que hicieron millones de cubanos para contener el mal del bandidismo”. ¿Millones, dijo?

Fue responsabilidad del precario sistema de Justicia, reubicar a esas personas sobrevividas en la cruzada a mil kilómetros de sus hogares, aquellos que cometieron “el error de alzarse contra la Revolución”, pero que luego “decidieron hacer una vida normal en lugares con seguridad y tranquilidad”, como si acaso hubiesen tenido opción.

Algo que no se explicó nunca, y ha sido aprovechado para manipularles con indiscreta animadversión.

Si de épicas, heroicas y otras tribulaciones humanas se querían agarrar para epatar, pudieran haber abierto el hermético espectro antidemocrático que nos signa como nación, para que la gente en verdad supiera las razones que movieron al sacrificio de un pueblo ignorante, convertido sin distinción ni miramientos —y en circunstancias muy negras—, lo mismo en víctimas que victimarios.
 

Escrito por Pedro Manuel González Reinoso

(Caibarién, Las Villas, 1959) Escritor Independiente. Economista (1977), traductor de lenguas inglesa y francesa (1980-86). Actor y Peluquero empírico. Fundador de ¡El Mejunje!, Santa Clara (1993) donde nació a Roxana Rojo. Trabajos suyos incluyen poesía, artículos, ensayos. Su personaje aparece en varios documentales del patio: "Mascaras" y "Villa Rosa" (Lázaro Jesús González, 2015-16), "Los rusos en Cuba" (Enrique Colina-2009). Fue finalista del Premio Hypermedia de Reportajes en 2015.