El racismo en Cuba, un problema que conviene al Estado

Ya van 64 años de aquel histórico día en que Rosa Parks (1913-2005) se negó a ceder su asiento en un ómnibus de Alabama, donde los negros viajaban separados de los blancos. El hecho ocurrió el primero de diciembre de 1955, hecho que le dio un giro a la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y fue influyente en gran parte del mundo.

Rosa Parks, una costurera de 42 años y de raza negra, se negó a ceder su sitio y moverse a la parte de atrás en un autobús en Montgomery, Alabama, luego de que el chofer le pidiera que dejase su asiento libre para que fuera ocupado por un ciudadano blanco, lo que le costó ser encarcelada bajo el cargo de perturbación del orden público, a pesar de que la segregación racial era una práctica que contradecía la constitución de ese país.

Cuba se encuentra en estos momentos bajo el quinto mandatario desde que en 1959 el ejército rebelde, y luego el partido comunista, se hiciera con el poder político y militar de la nación. La situación de la población afrodescendiente ha cambiado muy poco en estos casi 61 años.

Cualquier paladín del comunismo pudiera alegar que en el periodo revolucionario el gobierno se encargó de reconocer a todos igualdad de derechos, pero si bien esto es cierto en papeles, en la práctica siempre ha sido letra muerta, y una prueba es el hecho de que la población penal esté constituida en su mayoría por negros y mestizos.

Lo anterior es el resultado directo de las condiciones y los lugares donde habitan estas poblaciones, en los cuales nunca se ha logrado rebasar el límite de pobreza, y si bien esto pudiera no ser una justificación, resulta imposible negar que el hombre piensa como vive.

El Estado busca que la población negra y mestiza, sobre todo de los barrios marginales y solares, jóvenes en su mayoría, sea encarcelada, muchas veces mediante la ley de peligrosidad, algo que en lugar de ayudar agrava la condición social del individuo. Porque tras cumplir la condena se ve imposibilitado de integrarse a la sociedad, ya que desde el propio Estado se dificulta el acceso a buenos puestos de trabajo a los ex presidario.

Y como si no fuera suficiente, más allá de la falta de políticas económicas, sociales y culturales que impulsen la igualdad, la dirección de la dictadura y sus órganos de represión persiguen a todo activista social o defensor de derechos humanos que intente darle una solución al problema o visibilizarlo, algo que a todas luces demuestra el interés del poder en que el problema persista.

Aquel primero de diciembre de 1955 Rosa Parks pasó la noche en un calabozo y al otro día salió con una multa de 14 dólares, pero su detención fue la gota que colmó el vaso dentro de la comunidad afrodescendiente de Estados Unidos.

Los activistas cubanos por la integración y la equidad racial están siendo vejados en sus derechos constantemente y cada vez con más violencia, de ahí que no resulte errado pensar que cualquiera de estos días, aparezca la gota que derrame al vaso.