Homenaje a Reinaldo Arenas en Nueva York: reivindicación de la poesía y la libertad

Una veintena de cubanos y admiradores de su obra, leyeron fragmentos de las memorias y poemas del escritor que no cabía en la Cuba comunista, y que responsabilizó al mismo Fidel Castro de su trágico final
Homenaje a Reinaldo Arenas en Nueva York. Foto: Armando Lucas Correa
 

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“Sé que más allá de la muerte/está la muerte,/Sé que más acá de la vida/está la estafa./Sé que no existe el consuelo,/que no existe/la anhelada tierra de mis sueños ni la desgarrada visión de nuestros héroes”…

El narrador cubano Enrico Del Risco había escuchado antes el poema de Reinaldo Arenas (1943-1990), pero nunca le “sonó tan demoledor” como la noche de este lunes 7 de diciembre, año de la pandemia.

Del Risco y otras veinte personas se reunieron en Manhattan, frente al edificio del 328 West 44th Street, para celebrar a 30 años de su muerte allí, la vida y la obra de Arenas.

“Entre ellos estaba el novelista Armando Correa, el poeta Joaquín Badajoz, el fotógrafo Javier Caso, el dramaturgo y cineasta Iván Acosta, que también fue amigo personal de Arenas y contó cómo le ayudó a instalarse en Nueva York, conseguir el apartamento; la mayoría eran cubanos jóvenes, lectores de Arenas, admiradores de su obra”, dijo a ADN Cuba el autor de Turcos en la niebla.

Leyeron fragmentos, que cada uno había seleccionado, de las memorias y poemas del escritor que no cabía en la Cuba comunista, y responsabilizó al mismo Fidel Castro de su trágico final.

“La mayoría de los que estábamos ahí habíamos asistido a las manifestaciones en apoyo al Movimiento San Isidro y al 27N en esta ciudad, pero este fue un encuentro con un tono muy distinto”, explicó Del Risco.

“Fue un homenaje al escritor, al poeta, a la libertad con que condujo su vida. Alguien que no intentaba ser libre a través de la oposición política y el exilio sino más bien al contrario: terminó siendo disidente y exiliado porque era esencialmente libre”.

El autor entrevistado por este medio cree que es la primera vez que a Reinaldo Arenas le hacen un homenaje así, pero no querían dejar pasar la oportunidad tratándose del 30 aniversario.

Enrique Del Risco quiso “aprovechar para mostrarle a un grupo de cubanos ese pedacito de Nueva York, que de alguna manera nos pertenece”.

Homenaje a R. Arenas en Nueva York, 7 de diciembre del 2020. Fotos: Facebook Armando Correa.


De todo lo sucedido la noche de este lunes, además de encontrarse con la buena gente que acudió a su invitación, a Del Risco se le quedó grabado el momento en que una muchacha muy joven leyó el poema Introducción del símbolo de la Fe, “una reivindicación de la poesía y de la libertad”.

 

Sé que más allá de la muerte
está la muerte,
Sé que más acá de la vida
está la estafa.
Sé que no existe el consuelo,
que no existe
la anhelada tierra de mis sueños ni la desgarrada visión de nuestros héroes.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las tradiciones del recién llegado
y en las mentiras del primer cronista.
Sé que no existe el refugio del abrazo
y que Dios es un estruendo de hojalata.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las amenazas del nuevo impostor
y en las palmas que revientan buldoceadas.
Sé que no existe la visión
del que siempre perece entre las llamas,
que no existe la tierra presentida
Pero
te seguimos buscando, tierra,
en el roer incesante de las aguas,
en el reventar de mangos y mameyes,
en el tecleteo de las estaciones
y en la confusión de todos los gritos.
Sé que no existe la zona de descanso,
que faltan alimentos para el sueño,
que no hay puertas en medio del espanto.
Pero
te seguimos, buscando, puerta,
en las costas usurpadas de metralla,
en la caligrafía de los delincuentes,
y en el insustancial delirio de la conga.

que hay un torrente de ofensas aún guardadas
y arsenales de armas estratégicas,
que hay palabras malditas, que hay prisiones
y que en ningún sitio está el árbol que no existe.
Pero
te seguimos buscando, árbol,
en las madrugadas de cola para el pan
y en las noches de cola para el sueño.
Te seguimos buscando, sueño,
en las contradicciones de la historia,
en los silbidos de las perseguidoras
y en las paredes atestadas de blasfemias.

que no hallaremos tiempo,
que no hay tiempo ya para gritar,
que nos falla la memoria,
que olvidamos el poema, que, aturdidos,
acudimos a la última llamada
(el agua, la cola de cigarro).
Pero
te seguimos buscando, tiempo,
en nuestro obligatorio concurrir a mítines,
funerales y triunfos oficiales,
y en las interminables jornadas en el campo.
Te seguimos buscando, palabra,
por sobre la charla de las cacatúas
y el que vendió su voz por un paseo,
por sobre el cobarde que reconoce el llanto
pero tiene familias... y horas de recreo.
Te seguimos trabajando, poema,
por sobre la histeria de las multitudes
y tras la consigna de los altavoces,
más allá del ficticio esplendor y las promesas.
Todo eso lo sé.
Pero te seguimos buscando, dicha,
en la memoria de un gran latigazo
y tras el escozor de la última patada.
Te seguimos buscando, tierra,
en el fatigado ademán de nuestros padres
y en el obligatorio trotar de nuestras piernas.
Te seguimos buscando, calma,
en el infinito gravitar de nuestras furias,
en el sitio donde confluyen nuestros huesos,
en los mosquitos que comparten nuestros cuerpos,
en el acoso por sueños y aceras,
en el aullido del mar,
en el sabor que perdieron los helados,
en el olor del galán de noche,
en las ideas convertidas en interjecciones ahogadas,
en las noches de abstinencia,
en la lujuria elemental,
en el hambre de ayer que hoy hambrientos condenamos,
en la pasada humillación que hoy humillados denunciamos.
En la censura de ayer que hoy amordazados señalamos,
en el día que estalla,
en los épicos suicidios,
en el timo colectivo,
en el chantaje internacional,
en el pueril aplauso de las multitudes,
en el reventar de cuerpos contra el muro,
en las mañanas ametralladas,
en la perenne infamia,
en el impublicable ademán de los adolescentes,
en nuestra voracidad impostergable,
en el indolente estruendo de la primavera,
en la ausencia de Dios,
en la soledad perpetua
y en el desesperado rodar hacia la muerte
te seguimos buscando
te seguimos
te seguimos.


Carta de despedida de Reinaldo Arenas. Tomada de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio: