Un dictador que adora a los perros
El líder supremo de Turkmenistán suele regalar cachorros de una raza de perros local a los presidentes que le visitan.
A Gurbangulí Berdimujamédov le gusta regalar cachorros de alabai a los líderes que le visitan, como Vladímir Putin

Su nombre oficial es Turkmenistán, y es una de las cinco exrepúblicas soviéticas de Asia Central, situada a orillas del mar Caspio. Se trata, también, de uno de los países más cerrados del mundo, cuyo líder supremo, Gurbangulí Berdimujamédov, gobierna desde hace doce años sobre casi seis millones de habitantes y se muestra implacable con cualquier señal de disidencia.

Pocos se atreven a llevarle la contraria: en las última elecciones, las del 2017, fue reelegido presidente con el 98% de los votos.

El año pasado, por ejemplo la policía de Asjabad prohibió los vehículos negros en la capital, porque el dictador prefiere el color blanco. Berdimujamédov también es un amante de los caballos. El pasado abril, guitarra al hombro y ante un teclado electrónico, grabó un vídeo acompañado de su nieto en honor de su caballo favorito. Tampoco le importa aparecer en televisión recitando los poemas que una vez dedicó a sus ponis. En los últimos meses se han hecho tan virales tanto el vídeo en el que destituía y humillaba al ministro del Interior como las imágenes en las que repartía cachorros a un grupo de soldados.

Mientras, Berdimujamédov fomenta el culto a su personalidad, escribe libros que todos aplauden y se erige estatuas de oro.

Su última extravagancia ha sido ordenar a ocho de los principales bancos del país a través de un decreto presidencial que financien (12,5 % cada uno) una empresa que debe mejorar el pedigrí del alabai, o perro pastor de Asia Central, en su variedad turkmena.

El presidente turkmeno declaró el 2018 Año Nacional del Perro, y él mismo salió en televisión recitando sus virtudes. Este año ha pasado sus vacaciones escribiendo un libro sobre el alabai turkmeno, según los medios. “Un magnífico regalo del líder tukmeno en el día de la Independencia que disfrutará una gran audiencia de lectores en todo el país”, escribió el periódico estatal Neitralni Turkmenistán.

Además de dedicarle poemas y canciones, Berdimujamédov suele regalar cachorros de alabai a los líderes amigos que le visitan.

En el 2007 Berdimujamédov sucedió en el poder a Saparmurat Niazov, que había liderado el país desde tiempos de la URSS hasta su muerte, en el 2006. Niazov ya había dado abundantes muestras de un excéntrico egocentrismo convertido en culto a la personalidad, autotitulándose Turkmenbashí (”Padre de todos los turkmenos”) y diciéndo a sus conciudadanos cómo vestir, cómo bailar o cómo cantar.

Berdimujamédov, que se formó como dentista antes de hacer carrera política, no le va a la zaga. En el 2015 se hizo levantar una estatua ecuestre, que en principio podría recordar al famoso Jinete de bronce que representa a Pedro el Grande en San Petersburgo. Pero la de Asjabad está chapada en oro de 24 quilates, algo que parece un símbolo de Turkmenistán, país rico en gas natural (quintas reservas del mundo), petróleo y minerales. La estatua se llama Arkadag, título honorífico que significa "El protector".

Cuando Berdimujamédov subió al poder, el nuevo Gobierno habló de reformas. Pero nunca se hicieron realidad. Según observadores y oenegés de derechos humanos, Turkmenistán sigue siendo un país cerrado en el que el presidente controla la vida de todos sus habitantes, a quienes incluso se prohíbe salir del país. Según Human Rights Watch, en Turkemnistán no se permite alternancia política o expresiones religiosas. Freedom House y Reporteros sin Fronteras mantienen a la exrepública soviética en los últimos lugares en sus listas de libertades civiles y libertad de prensa.

Aunque Berdimujamédov aseguró este mes que el sector privado de su país está creciendo y “llenando el mercado local de productos agrícolas de calidad”, los informes de desabastecimiento suelen ser frecuentes. El portal Jrónika Turkmenistana, que se edita en Viena, publicaba el pasado 17 de octubre fotografías de Asjabad y titulaba que “las colas en las tiendas estatales no disminuyen”, asegurando que hay escasez de productos básicos, como huevos y aceite.

(Con información de la agencia TDH y La Vanguardia)