Si China no actúa pueden surgir en su territorio nuevos coronavirus

Entre el exotismo y el crimen, los mercados chinos de animales han sido causantes de la extinción de especies y de la creación de peligrosos patógenos.

Un reportaje de The New York Times describía estos sitios, cuando apenas llegaba a Occidente el coronavirus, surgido presumiblemente en un mercado de la ciudad de Wuhan.

“El mercado típico de China tiene frutas y verduras, cortes de res, cerdo y cordero, pollos enteros desplumados (con las cabezas y picos), así como cangrejos y peces vivos, que arrojan agua de las peceras motorizadas. Algunos mercados venden cosas más inusuales, como serpientes vivas, tortugas y cigarras, cuyos, ratas de bambú, tejones, erizos, nutrias, civetas de las palmeras e incluso lobeznos”.

En el mercado de abastos de Wuhan había comercio de especies ilegales, una práctica que ha continuado con la vista gorda de las autoridades locales. Se vendían animales vivos tan variados como ratas, coyotes y salamandras gigantes.

No es el único lugar de China donde proliferan prácticas semejantes, ni él fin definitivo de tales sitios está a la vista.

El comercio de carne procedente de estos animales exóticos, además de contribuir a que se destruyan hábitats y especies, reduce la brecha entre los humanos y los virus que esas criaturas portan.

Rápidamente se propagan por el mundo hiperconectado por aerolíneas y rutas marítimas, según ha explicado Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, una organización no gubernamental especializada en la prevención de enfermedades infecciosas.

Hace unos días, China prohibió de forma temporal el comercio de animales salvajes, como medida para frenar la epidemia. Sin embargo, muchas especies exóticas todavía se consumen ampliamente en ese país y otras naciones del continente asiático.

Un manjar de alta cocina allá puede ser un plato de ratas o murciélagos, o de cualquier otro animal salvaje al que se atribuyan supuestos beneficios para la salud, nunca probados por la ciencia.

Tal práctica redunda en riesgos para la salud humana, cada vez mayores, dijo Christian Walzer, director ejecutivo del Programa de Salud de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, con sede en Estados Unidos.

Por ejemplo, se cree que los murciélagos engendraron el SARS (siglas en inglés del Síndrome Respiratorio Agudo Severo), que entre 2002 y 2003 mató a cientos de personas en Asia, principalmente en China. Muchos científicos creen que el virus de los murciélagos infectó a las civetas y luego a los humanos que las comieron.

Según reseña Infobae, luego del SARS, China tomó medidas enérgicas contra el consumo de civetas y algunas otras especies, pero los conservacionistas denuncian que el comercio continúa, y así lo muestran las fotos.

En epidemias pasadas, ya se había culpado a los animales salvajes. De probarse definitivamente que la falta de supervisión en el tráfico de animales arrojó un nuevo brote viral, las autoridades chinas cargarán con la mayoría de la culpa, sino toda.

Una lista de precios que circula por Internet en China para un negocio en el mercado de Wuhan enumera una colección de animales o productos de origen animal, que incluye zorros vivos, cocodrilos, cachorros de lobo, salamandras gigantes, serpientes, ratas, pavos reales, puercoespines, carne de camello y otros animales de caza. Son 112 artículos en total.

“Recién sacrificado, congelado y entregado a su puerta”, decía la lista de precios del vendedor. Varios comercios ofrecen matar y trocear a los animales en el acto, antes de cocinarlos frente al cliente.

Un estudio publicado en la revista Science China Life Sciences, patrocinado por la Academia China de Ciencias de Beijing, analizó las relaciones entre la nueva cepa y otros virus.

Este coronavirus pudo haberse originado en murciélagos o serpientes, según un análisis genético del patógeno. Las teorías se basan en el examen de la secuencia del genoma del virus, liberado por las autoridades a raíz del brote, y dos estudios señalan el papel probable de los murciélagos en el brote.

Pero el régimen chino parece no hacer nada definitivo para poner un freno a este tipo de mercados descontrolados. Desde el germen del brote en noviembre pasado, solo atinó a cerrar el centro donde se originó el mal. El gobierno de Xi Jinping tiene por delante la oportunidad de terminar una fuente de pesadillas para la humanidad.