¿Un Plan B para Venezuela?
La crisis venezolana corre el riesgo de enquistarse, mientras la situación política y humanitaria se agrava cada día.
¿Un Plan B para Venezuela?
 

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Casi tres meses después de la proclamación presidencial de Juan Guaidó, el 23 de enero, Nicolás Maduro sigue siendo el presidente de facto de Venezuela. Aunque la oposición ha ganado espacios internacionales y sigue movilizando a la mayoría de la población venezolana, las expectativas de que el Ejército abandone a Maduro se han ido diluyendo, mientras que se agrava la situación humanitaria del país latinoamericano y entran en escena otros actores internacionales.

En Washington se empiezan a valorar las opciones de un plan B. Uno de ellos se discutió en una reunión a puerta cerrada el pasado 10 de abril en Washington convocada por el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, con la presencia de representantes actuales y anteriores del Departamento de Estado, del Consejo Nacional de Inteligencia y del Consejo de Seguridad Nacional, así como el almirante Kurt Tidd, excomandante del comando sur militar de Estados Unidos bajo el título: “Evaluación del uso de la fuerza militar en Venezuela”.

“No es posible una invasión, pero algo de baja intensidad, como un bloqueo naval, tal vez serviría para salir de esta situación de tablas”, dijo en una entrevista Fernando Cutz, un especialista en Venezuela del Cohen Group que asistió a la reunión en Washington. “Sólo sería factible si hay apoyo de otros países”, añadió Cutz, que asesoró a Trump al inicio de la operación de cambio de régimen.

Pero ninguno de los países latinoamericanos del Grupo de Lima, parece partidario del uso de fuerzas militares. Es más, los líderes del Congreso estadounidense se han mostrado en contra de una acción militar.

La otra opción sobre la mesa sería que la comunidad internacional –tras la decisión de 53 países, entre ellos muchos europeos, de reconocer a Guaidó– se vaya acercando a una solución negociada. Si esto ocurre, el foco de interés diplomático se irá desplazando desde Washington a Ciudad de México, donde el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, se ha ofrecido para negociar entre Maduro y la oposición de Guaidó. Hasta la fecha, este último se ha negado. Uruguay y, en menor medida, la Unión Europea, son favorables al plan mexicano, aunque con la diferencia de que creen que la convocatoria de elecciones generales debería ser una condición sine qua non de las negociaciones.

“Para nosotros, el diálogo es el plan A”, explica en una entrevista Maximiliano Reyes Zúñiga, ­vicesecretario de Relaciones Exteriores del gobierno López Obrador. “Y no ligamos este diálogo a las elecciones porque es una decisión que deberían tomar los venezolanos; nuestra Constitución nos prohíbe apoyar el intervencionismo”, dice Reyes.

Incluso hablar de los pros y contras de acciones militares en Washington es peligroso, advierte Zúñiga: “Estamos haciendo todo lo que diplomáticamente está en nuestras manos para que no haya una intervención militar. Hemos sido víctimas de la injerencia militar en México y sabemos que tendría consecuencias graves para toda la región”.

La propuesta mexicana de diálogo ha sido rechazada por la oposición de Guaidó y los países que defienden forzar la salida de Maduro. “Es decepcionante que México se haya desacoplado de otros países latinoamericanos que quieren derrocar a Maduro”, afirma Cutz, de origen brasileño, que descarta negociaciones con ­Maduro y propone entablar ­conversaciones directas con los militares venezolanos.