Virgilio Piñera, un cumpleaños 107 sin penas ni glorias

Nicanor O´Donnell vive la Épica (Eduardo del Llano, 2015) viajando a los años 1960

 

Virgilio Piñera es considerado uno de los más importante dramaturgos cubanos. Nacido un 4 de agosto de 1912 en Cárdenas, el cementerio de esa ciudad alberga sus restos. Según un artículo publicado por el periodista Yuris Nórido, la bóveda del dramaturgo es una más en un camposanto castigado por el sol. Virgilio Piñera merecería un sitio con más pretensiones, sin embargo lo más probable era que no lo reclamara.
Cada vez que se acerca uno de sus cumpleaños, sus admiradores llegan a su tumba para rendirle homenaje. Flores, la lectura de un fragmento de alguna de sus obras, unido al agradecimiento al hombre que instaló al teatro cubano en su más decidida modernidad, acompañan las veladas póstumas.

Virgilio Piñera abrió muchas puertas y horizontes no solo en la dramaturgia, también en la poesía, la narrativa, el periodismo. Indiscutibles con los aportes al cuerpo literario de la nación y a pesar de que en algún momento sufrió el ostracismo, hoy es conocido como uno de los más grandes intelectuales cubanos del siglo XX.

En su lápida solo quedan unas palabras que versan: «Así fui. Así viví. Así soñé. Pasé el trance». Como si la ironía por el hecho fuese en sí misma una especie de paradoja. Los comentarios en las redes sociales no se hicieron esperar. Los seguidores de Piñera que reconocen no solo el talento, sino la inmensidad de su persona. Este es el caso del dramaturgo Norge Espinosa quien en su perfil de Facebook publicó un comentario sobre la fecha. El post estuvo acompañado de reacciones de artistas como Juan Carlos Cremata Malberti quien dijo :¿Por qué no permites compartirlo? Al silencio de los medios oficiales es necesario, imprescindible y urgente, responder irrumpiendo con la gritería en las redes.

“Y si fuera un nuevo Virgilio Piñera el que naciera ahora”, dijo uno de sus enemigos declarados, Alfredo Guevara, ante un grupo de cubanos emigrados, poco antes de la muerte del gran escritor cubano, que esperaba aún, en vano, su rehabilitación. Un Piñera, soñaba entonces el viceministro de Cultura y presidente fundador del ICAIC que cantara loas y consignas y no escribiera esos relatos amargos y absurdos sobre el absurdo mismo de la vida cubana. No habrá otro Virgilio Piñera y mucho menos uno que provenga de esa clase de resurrección, por mucho que Alfredo Guevara y tantos de los que detestaban al pájaro de oscura cabeza negadora lo quisiesen. Los Virgilios futuros repetirán en otras gradaciones lo que él avizoró: el destartalo elemental de una Isla aferrada a sus ambiciones de grandeza, a la trascentalidad que se quebranta contra la opacidad que nos regala tanta luz, la demasiada luz, que Lezama entendía desde otras ensoñaciones. Hoy se cumplen 107 años de su nacimiento, no mencionado en el noticiario de la televisión que sí recuerda fechas más aleccionadoras, según se crea. Para hacerlo renacer, fiel a su ingenio, a su dureza, a su sarcasmo, a su talento visionario y terrible, lo leo otra vez, reordeno sus libros, procuro una foto suya poco conocida. Sus fieles sabemos cómo traerlo de vuelta a la vida. A esto que creemos es vivir, y donde su palabra sigue siendo un arma tan certera. Felicidades al pájaro de talento amargo, una y otra vez.