Máximo Gómez y la ingratitud probable de los hombres

En noviembre 18 de 1836 nació en Santo Domingo, República Dominicana Máximo Gómez, excelente militar y estratega de la Guerra de los Diez Años. Este General en Jefe de las tropas revolucionarias cubanas en la Guerra del 95, junto a Martí y Maceo protagonizó episodios memorables de la historia patria. Gómez falleció en Cuba, específicamente en La Habana. El país por el que dio algo más que su vida lo vio morir en una casona en El Vedado capitalino. El sitio hoy es un cúmulo de escombros, paredes desconchadas, césped marrón y una columnata de cemento crudo donde hace un tiempo se erigiera un busto macro-cefálico ya perdido, que le hacía honores a su persona.

En la esquina de 5ta y D en el barrio del Vedado en La Habana, se ubica, en pésimas condiciones constructivas y de infraestructura, esta casona que es hoy víctima del descuido, desinterés y olvido de aquellos que pretenden contar la historia de Cuba a su manera. En ese sitio que brinda un pobrísimo espectáculo restaurativo, murió el 17 de junio de 1905 el general Máximo Gómez Báez, militar de la Guerra de los Diez Años y General en Jefe de las tropas cubanas en la Guerra del 95.

El espacio hace ya años sirvió como atelier del también en ruinas teatro Amadeo Roldán. La otrora casa del general mambí es poco conocida incluso por los vecinos de la zona. Resulta contradictorio que en Cuba, un país donde convierten en monumento nacional cualquier sitio, la memoria de Gómez quede en manos de la desidia, destruida por las continuas penetraciones del mar que afectan esa zona baja. 

Alguna explicación debe existir para que Máximo Gómez tenga tan poco reconocimiento en la patria por la que tanto luchó. Tal vez su rectitud y sobriedad lo pagó caro, una deuda que al parecer aún no ha solventado. Ese calvario que fue su vida lo despojó de a poco de lo que había ganado con sudor y sangre.

Tal vez la "osadía de aconsejarle al pueblo que no eligieran ministros ni administradores que alfombraran sus casas y usaran carrozas mientras las espigas no maduraran en los campos de la patria", lo confinaron a una somera mención en los libros de Historia de Cuba, donde lo apenas hacen alusión a su persona.

En las aulas no es suficiente lo que se habla de los héroes de la patria -los de verdad- a muchos como a Gómez se les conoce por apenas una mención en las clases de las enseñanzas básicas. Sin embargo la obra que realizó, las batallas que ganó para el proceso de liberación cubano queda ahí, confinada a los libros de textos de Historia de Cuba. Ello se contrapone al basto hincapié en "La generación del centenario", porción de la Historia de Cuba donde monumentos, bustos, tarjas no resultan suficientes para engrandecer el culto a la persona. Entonces vale preguntarse ¿Y los demás? ¿No forman parte de la misma historia patria?".

Al parecer Gómez vaticinó esa lucha póstuma que llevaría a cabo contra el olvido luego del transcurso de las décadas. Así se lo hizo saber a José Martí cuando éste reclamó sus esfuerzos para iniciar la guerra del 95; “No tengo más remuneración que ofrecerle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”