“Siempre es mejor verse cara a cara”: Biden y Putin se reúnen en Ginebra

Es la primera vez que se reúnen los dos mandatarios luego de que Biden asumiera la presidencia. El mundo entero espera mucho de esta cumbre, pues las relaciones bilaterales están en su peor momento desde la Guerra Fría.
 

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El presidente estadounidense Joe Biden y su homólogo ruso Vladimir Putin abrieron este 16 de junio con un apretón de manos su esperada cumbre de Ginebra, destinada a rebajar las tensiones entre ambos países y hallar algunos puntos de acuerdo.

Los dos mandatarios se dieron la mano después de posar junto a su anfitrión, el presidente suizo Guy Parmelin, en la villa La Grange con vista al lago de Ginebra, donde se reunirán por hasta cinco horas, con los ataques cibernéticos, la intromisión electoral rusa y las violaciones de los derechos humanos como principales temas en la agenda.

El primero en hablar fue Putin, quien destacó que “se han acumulado muchas cuestiones en las relaciones ruso-estadounidenses”. “Espero que nuestro encuentro sea productivo”, apuntó el líder ruso, al inicio del encuentro en La Grange.

Biden dijo “gracias”, después de que su homólogo ruso señalara que esperaba una reunión productiva y apuntó: “Como siempre he dicho afuera, es mejor verse cara a cara”.

El presidente estadounidense agregó que durante esta jornada intentarán determinar dónde están sus intereses mutuos y dónde están sus desacuerdos. Fuera de declaraciones protocolares en la prensa, nada se ha filtrado hasta el momento sobre qué se dijo en las habitaciones de La Grange, por lo que los especialistas solo pueden especular.

Junto al presidente suizo, Guy Parmelin (Reuters/Denis Balibouse)

 

Los objetivos de EEUU y Rusia

 

Desde su llegada al poder, el 46° presidente de Estados Unidos adoptó un tono firme con relación a Putin, para dejar claras las diferencias con su predecesor, Donald Trump. Biden prometió además que subrayará ante su homólogo cuáles son los límites que no debe franquear.

“No busco un conflicto con Rusia, pero responderemos si Rusia continúa con sus actividades dañinas”, indicó el presidente estadounidense antes de la cumbre.

En los últimos días los observadores recordaban la célebre cumbre en Ginebra entre los presidentes Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en 1985, que marcó el comienzo del deshielo de la Guerra Fría.

Pero el presidente ruso también tiene una larga experiencia en materia de cumbres. Desde que llegó al poder a fines de 1999 ya se codeó con cuatro presidentes estadounidenses. Biden es el quinto.

Muchos expertos coinciden en que Putin ya logró lo que más deseaba: la celebración de la cumbre como muestra de la importancia de Rusia en el escenario mundial.

En una entrevista con la cadena NBC, Putin dijo esperar que el presidente demócrata se muestre menos impulsivo que su predecesor republicano. Pero aprovechó la ocasión para calificar a Donald Trump como un hombre “talentoso”.

En la agenda figuran temas de seguridad informática —EE. UU. ha sido atacado por hackers de los que sospecha son protegidos por el gobierno ruso. Además, tratarán sobre el cambio climático, la presencia de ambos países en el Ártico y la lucha contra el coronavirus.

Asimismo, Putin y Biden evaluarán la situación en Oriente Medio, Siria, Libia, Afganistán, la península coreana, así como el programa nuclear iraní. También prestarán atención a los conflictos en Nagorno Karabaj —territorio que se disputan Azerbaiyán y Armenia—, Ucrania y la crisis en Bielorrusia.

El líder estadounidense quiere además hablar con Putin de los derechos humanos y la persecución de la oposición rusa, especialmente de su figura más relevante, Alexei Navalny.

El opositor ruso Alexei Navalny está encarcelado en una prisión rusa y acusa a Putin de envenenarlo sin éxito (EFE/Yuri Krochetkov)

 

Las expectativas

 

Ninguno de los dos líderes llegó a Ginebra con ilusiones. Ambas delegaciones insistieron en que la cumbre en sí misma ya supone un avance.

El Kremlin ha avanzado como posible resultado de la cita el retorno de los embajadores de EE. UU. y de Rusia a sus respectivos destinos y la eliminación de obstáculos al trabajo de las legaciones.

Más allá, están sobre la mesa la reanudación del diálogo de cara al vencimiento del tratado de desarme nuclear Nuevo START en 2026 y la inclusión de nuevas armas en futuros pactos.

Y el reinició de las conversaciones sobre seguridad cibernética. Ese diálogo comenzó en 2013 pero quedó congelado debido a desacuerdos sobre Ucrania y la supuesta injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016.

El antecesor de Putin en el Kremlin y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev, ha asegurado que ambas potencias “han pasado de la rivalidad a la confrontación y han regresado a la época de la Guerra Fría”.

Si entonces fueron los misiles, ahora son las sanciones, la injerencia de Rusia en elecciones y la interferencia de EE. UU. en el patio trasero postsoviético, el acercamiento de la OTAN a las fronteras rusas, las acciones agresivas del Kremlin en el exterior o ciberataques desde territorio ruso.

Las tensiones entre el Kremlin y la Casa Blanca se dispararon en marzo después de que el presidente de EE. UU. llamara “asesino” a Putin, tras lo cual Moscú llamó a consultas a su embajador en Washington, Anatoli Antónov, y recomendó al responsable de la legación estadounidense, John Sullivan, que abandonara el país.

En abril EE. UU. impuso sanciones a Rusia y expulsó a diez diplomáticos por su presunta interferencia en las elecciones presidenciales de 2020, su supuesto papel en el ciberataque masivo de SolarWinds y sus acciones en Ucrania y Afganistán.

El Kremlin respondió con medidas similares, incluyó a EE. UU. en una lista de “países inamistosos”, que implica que Washington no podrá contratar a personal local para sus representaciones diplomáticas en territorio ruso, y recientemente limitó el movimiento de diplomáticos estadounidenses en territorio ruso.