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Ayuda humanitaria y libertad para progresar en Cuba

Lo más eficaz y oportuno sería combinar ayuda humanitaria con la libertad y los DDHH necesarios para que cada ciudadano, familia y organización civil puedan emprender su proyecto

Actualizado: 25 October, 2022

 

La crítica situación de Cuba abre la voluntad de muchos para contribuir con ayuda humanitaria. Estamos en una emergencia creada no solo por el último huracán, sino, sobre todo, por la ineficiencia del modelo económico totalmente arcaico que ha acumulado pobreza, vulnerabilidad y la necesidad de una asistencia inmediata, concreta y directa.

Se entiende como ayuda humanitaria una “forma de solidaridad o cooperación, que generalmente es destinada a las poblaciones pobres, o a las que han sufrido una crisis humanitaria, como los provocados por fenómenos naturales o una guerra”.

Por otra parte, una “acción humanitaria” es aquella que “tiene como objetivo proteger y salvar vidas, prevenir y aliviar el sufrimiento humano y atender las necesidades básicas de la población desde una perspectiva de reducción de la vulnerabilidad y fortalecimiento de capacidades”, de acuerdo con una definición publicada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, de España.

¿Cuál es la diferencia entre acción humanitaria y el socorro o la ayuda humanitaria? Según expertos: “A diferencia de socorro, que es el mero acto de asistir, la acción humanitaria, en su desarrollo está revestida de una propuesta ética y en su alcance de elementos de protección y garantía de la ayuda que le hacen trascender a la noción de socorro”.

Una vez que tenemos más clara la diferencia entre ambas formas de solidaridad, quiero destacar y rendir homenaje expresando mi total solidaridad con todas las formas de ayuda humanitaria puntual y directa, sin burocracias ni dilaciones. Especialmente son de reconocer y agradecer tres formas complementarias de ayuda humanitaria:

  • La solidaridad interpersonal, espontánea, entre familiares, amigos y vecinos. Aunque no es suficiente, es de agradecer y homenajear esta actitud que caracteriza a la mayoría de nuestro pueblo. En ocasiones es una ayuda desconocida, sin alardes ni propaganda, es la más directa, entrañable y confortadora.
  • La ayuda de emergencia de organizaciones no gubernamentales (ONG), entre las que destaca la enorme y honorable labor de Cáritas, órgano de la Iglesia católica, que de forma cotidiana y muchas veces silenciosamente, garantiza con urgencia y cariño una solidaridad efectiva y afectiva al recibir, canalizar, distribuir y monitorear las ayudas y donaciones que la propia comunidad cristiana y otras instituciones o gobiernos, aportan ante las crisis humanitarias. También la Cruz Roja Internacional y otras organizaciones de la sociedad civil independiente cubana, realizan una loable ayuda.
  • Las ayudas provenientes de gobiernos y organizaciones internacionales como las agencias de la ONU. Esta asistencia humanitaria debería ser canalizada y monitoreada por las ONG y los propios ciudadanos hasta su destino final para garantizar que llegue efectiva y rápidamente a los más necesitados.

 

Libertad y derechos humanos para salir de la crisis

Una vez reconocida y agradecida esta ayuda humanitaria que es absolutamente necesaria y urgente, deseo reflexionar en lo que, en mi opinión, no solo complementa estas ayudas puntuales, sino que le dan sentido, integralidad y solución desde la raíz resolviendo las causas de la pobreza, de la acumulación de factores económicos, políticos y sociales de las crisis humanitarias.

En efecto, para que la ayuda humanitaria no sea solo una asistencia circunstancial y temporal, aunque siempre necesaria, debemos identificar y cambiar las causas profundas y estructurales que provocan la acumulación sistémica de las crisis, las diferentes pobrezas materiales, éticas y espirituales.

 

Caridad y Justicia

He aquí dos binomios de la fórmula que contribuirá eficazmente a la promoción de un desarrollo humano integral, como postula la Doctrina Social de la Iglesia. Ninguna de las dos debe ser excluida. Justicia y Caridad son como el cuerpo y el alma de la solidaridad humana.

Caridad sin justicia remedia, pero no cura. Caridad sin justicia es aliviar las consecuencias y disimular las causas. Caridad sin justicia es pan para hoy y hambre para mañana. Por lo contrario: Justicia sin Caridad, sin Amor, es la suma injusticia. Justicia sin Caridad es deshumanizante. Justicia sin Caridad es ir a las causas olvidando y abandonando a los que sufren sus consecuencias cotidianamente.

No nos engañemos, cuando ejercemos la solidaridad puntual, sin tratar al mismo tiempo de hacer consciente y cambiar las injusticias estructurales que provocan la pobreza, la dependencia del Estado, que hacen más vulnerable cada vez a los damnificados y a los marginados, estamos yéndonos por las ramas mientras se pudre la raíz del árbol.

En mi opinión, lo deseable, lo más eficaz y oportuno, sería lograr combinar ayuda humanitaria con la libertad y los derechos humanos necesarios para que cada ciudadano, familia y organización de la sociedad civil puedan emprender su propio proyecto de vida, organizar libremente su economía y su empresa. También, y al mismo tiempo, que puedan organizar con libertad y responsabilidad, tanto la ayuda solidaria puntual como los cambios estructurales que conducirán, de la pobreza y la dependencia, al progreso y el desarrollo humano integral y social.

Así sanaremos el árbol nacional y veremos rápidamente los frutos de justicia, solidaridad, libertad y prosperidad que merecemos todos los cubanos. Es decir, pan para hoy y justicia para siempre.

 

Tomado del Centro de Estudios Convivencia