En una entrevista concedida esta semana al The New York Times, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, quien aseguró que el régimen cubano busca atraer inversión extranjera "de cualquier país" e incluso abrió la puerta a que el propio presidente estadounidense, Donald Trump, pueda hacer negocios en la isla.
En medio de la nueva ofensiva de sanciones de la administración Trump contra el régimen cubano, La Habana ha comenzado a proyectar una imagen de mayor apertura económica hacia el exterior, aunque sin mostrar disposición alguna a flexibilizar el sistema político de partido único.
"Intentamos atraer inversión extranjera de cualquier país. Y eso no excluye a Estados Unidos", declaró el funcionario al diario estadounidense.
Consultado sobre la posibilidad de que Donald Trump invirtiera en Cuba, Fernández de Cossío respondió: "Si él quiere hacerlo de manera pacífica, no vemos ninguna razón específica para excluirlo".
El diplomático incluso afirmó que, si personas vinculadas a empresarios estadounidenses mostraran interés en proyectos en la isla, el régimen estaría dispuesto a dialogar.
"Si alguien viene y dice que tiene conexiones con empresarios importantes en Estados Unidos, estamos listos para dialogar. Si es con el gobierno de Trump, en principio, no hay razón para que digamos que no", sostuvo.
Según Fernández de Cossío, el principal obstáculo para una eventual inversión de Trump en Cuba no sería La Habana, sino la legislación estadounidense.
"Lo que le prohíbe a Donald Trump invertir en Cuba son las leyes estadounidenses. No lo excluimos a él ni a su organización de hacer negocios en Cuba, si lo hace respetando las leyes cubanas", añadió.
Apertura económica, pero sin cambios políticos
Las declaraciones del vicecanciller coinciden con el anuncio realizado esta semana por el régimen durante la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), donde presentó un nuevo paquete de medidas económicas que pretende mostrar una mayor flexibilización para atraer inversiones y estimular la actividad empresarial.
El primer ministro Manuel Marrero aseguró que las nuevas disposiciones buscan abandonar la "concepción tradicional" de la economía para avanzar hacia un modelo con mayores incentivos y más autonomía para las empresas.
Sin embargo, las medidas no contemplan cambios en la estructura política del país ni reducen el control estatal sobre los principales sectores económicos, que continúan bajo dominio del aparato gubernamental.
La propia entrevista de Fernández de Cossío deja claro ese límite. El funcionario insistió en que el régimen no está dispuesto a negociar cambios políticos como condición para mejorar las relaciones con Washington.
"Puedo estar seguro de que el gobierno de Estados Unidos no negociaría su Constitución ni su sistema político con otro gobierno. Así que no debería sorprender que Cuba no esté dispuesta a discutir sus asuntos políticos internos con Estados Unidos", afirmó.
El mensaje resume la estrategia que La Habana intenta proyectar: abrir espacios limitados para el capital extranjero y captar inversiones sin modificar el modelo político ni el monopolio del poder ejercido por el Partido Comunista.
Una línea de discurso que gana fuerza
Las declaraciones de Fernández de Cossío también coinciden con las expresadas este mes por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo", nieto de Raúl Castro.
En una entrevista con USA Today, Rodríguez Castro aseguró que estaría dispuesto a negociar directamente con Donald Trump si La Habana se lo encomendara, aunque dejó claro que no renunciaría a "los principios de la Revolución" ni a la soberanía del país.
En ambos casos, el mensaje del régimen parece orientado a transmitir disposición para negociar con Estados Unidos, siempre que ello no implique reformas políticas ni una apertura democrática.
Durante la entrevista con The New York Times, Fernández de Cossío volvió a responsabilizar principalmente a Estados Unidos por la profunda crisis que atraviesa Cuba.
"Introdujimos algunos cambios en nuestra economía hace unas semanas. Creemos que pueden permitirnos enfrentar esta situación", dijo el funcionario.
No obstante, agregó que "si lo que Estados Unidos intenta es provocar dificultades de índole humanitaria en Cuba, lamentablemente tiene el poder para hacerlo. No hay nada que Cuba pueda hacer".
El vicecanciller fue aún más lejos al advertir sobre un eventual escenario de confrontación militar.
"Si eso conduce a una acción militar contra Cuba, sufriremos miles de muertes. Probablemente habrá un baño de sangre en Cuba. También habrá muertes de jóvenes estadounidenses", afirmó.
También aseguró que el régimen actualiza su estrategia defensiva ante ese escenario: "Seríamos ingenuos si no nos preparáramos, si no actualizáramos nuestra estrategia militar, que se basa en la participación de la población en su conjunto".
Como ha sido habitual en el discurso oficial durante décadas, el funcionario atribuyó la crisis económica y social de la isla fundamentalmente a factores externos, especialmente a las sanciones estadounidenses, sin hacer referencia al impacto del sistema de partido único, la falta de libertades económicas y políticas o el control estatal sobre los principales sectores productivos, factores que economistas y analistas han señalado reiteradamente como causas estructurales del deterioro del país.