La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos arremetió este lunes contra la polémica Torre K de La Habana, un hotel de lujo construido por el conglomerado militar cubano GAESA, y señaló que el edificio representa las prioridades económicas del régimen mientras los cubanos enfrentan una profunda crisis.
"El hotel Torre K, de 42 pisos, construido para las élites y los visitantes extranjeros, permanece cerrado, elevándose sobre una ciudad en la que los cubanos de a pie luchan por sobrevivir en condiciones de vida precarias", señaló la agencia estadounidense en sus redes sociales.
"La Torre K sirve como recordatorio permanente para el pueblo cubano de que al régimen ilegítimo solo le preocupa enriquecerse a sí mismo, y no mejorar su nivel de vida", agregó la Oficina, que acompañó el mensaje con imágenes del rascacielos ubicado en la esquina de 23 y K, en el Vedado habanero.
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— Bureau of Western Hemisphere Affairs (@WHAAsstSecty) August 10, 2026
Una obra de GAESA que terminó cerrada
La construcción de la Torre K comenzó en 2018 y estuvo vinculada desde sus inicios al Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), el poderoso conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas. El edificio, inicialmente conocido también como Torre López-Calleja por el fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, antiguo jefe de GAESA, tiene 42 plantas y unos 155 metros de altura.
El proyecto fue ejecutado por el grupo hotelero Gaviota, perteneciente a GAESA, y en 2023 se anunció que la cadena española Iberostar sería la encargada de gestionar la instalación bajo el nombre Iberostar Selection La Habana.
La construcción generó críticas desde sus primeras etapas debido a las millonarias inversiones destinadas a una instalación turística de lujo mientras Cuba enfrentaba una creciente escasez de alimentos, medicinas, vivienda, combustible y servicios básicos.Finalmente el hotel abrió sus puertas en febrero de 2025 y las tarifas podían superar los 1.000 dólares por noche.
La apertura tampoco ocurrió según el calendario inicialmente anunciado. Havanatur había promocionado su inauguración para el 15 de enero de 2025, pero esta fecha no se cumplió.
Finalmente, Iberostar anunció el 26 de febrero de 2025 que el hotel había abierto sus puertas. La instalación contaba con unas 594 habitaciones y se convirtió en el edificio más alto de Cuba.
Sin embargo, el funcionamiento del hotel fue breve. En marzo de 2026, el Iberostar Selection La Habana cerró sus puertas en medio de la crisis energética y económica de la isla. Un custodio citado por 14ymedio atribuyó el cierre a "la situación del país" y dijo desconocer cuándo volvería a abrir. La cafetería externa del inmueble también cerró.
El cierre fue reportado además por medios especializados en turismo y, en mayo, Reuters describió la Torre K como uno de los ejemplos más visibles del poder económico de GAESA y señaló que el hotel permanecía vacío.
La situación de la Torre K resume parte de las contradicciones del modelo económico cubano: el régimen destinó recursos a levantar un hotel de alta gama en La Habana mientras el sector turístico registraba una fuerte caída y la población sufría una crisis de servicios básicos.
En marzo de 2025, 14ymedio reportó que una semana de alojamiento y desayuno en el establecimiento podía costar entre 1.200 y 2.000 dólares, en un momento en que los apagones ya afectaban diariamente a la capital y al resto del país.
El cierre posterior del hotel evidenció además las dificultades para sostener incluso instalaciones de alto estándar cuando el país enfrenta una severa falta de combustible y una red eléctrica en crisis. Aunque el hotel disponía de generadores propios, Reportur señaló que los apagones generales complicaban su operación por la falta de combustible.
La Torre K también se convirtió en un símbolo de la contradicción entre las inversiones turísticas y las necesidades de la población.
GAESA, en el centro de las nuevas sanciones de Washington
La crítica del Departamento de Estado se produce además en medio de una ofensiva de la Administración de Donald Trump contra GAESA y otras estructuras económicas y funcionarios vinculados al régimen cubano.
En mayo anterior, el Departamento de Estado designó a GAESA, a su presidenta ejecutiva, la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, y a la empresa minera Moa Nickel S.A. bajo la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Trump el 1 de mayo.
La medida convirtió a GAESA en uno de los principales objetivos de la nueva política de presión económica de Washington. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) confirmó que la designación implica restricciones sobre las operaciones con GAESA y entidades en las que el conglomerado tenga directa o indirectamente al menos 50% de participación.
El Departamento de Estado describió entonces a GAESA como un conglomerado controlado por los militares que tiene participación en múltiples sectores de la economía cubana. Reuters, por su parte, ha señalado que el grupo controla buena parte de las áreas más rentables de la economía de la isla, incluidos hoteles, puertos, banca, supermercados y negocios de remesas.
La Administración Trump sostiene que las ganancias de estas estructuras benefician principalmente a la élite militar y no a la población cubana.
La presión estadounidense se extendió en mayo a Adys Lastres Morera, hermana de la presidenta ejecutiva de GAESA. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la detuvo en Miami, donde residía hace años.
El caso ocurrió apenas semanas después de que Washington sancionara a Ania Lastres Morera y forma parte de una política más amplia de la Administración Trump dirigida contra miembros de la élite económica y militar cubana.
En este contexto, la Torre K ha adquirido un significado que trasciende su función como hotel: es una de las obras más visibles del entramado económico de GAESA y, al mismo tiempo, un símbolo del contraste entre las inversiones destinadas al turismo de lujo y el deterioro de las condiciones de vida de los cubanos.