El primer ministro de Canadá, Mark Carney, confirmó que su Gobierno tiene acceso a "información nueva" sobre el llamado Síndrome de La Habana, después de que una investigación de The Globe and Mail revelara posibles vínculos de cooperación entre diplomáticos canadienses y estadounidenses en operaciones de inteligencia en Cuba durante el período en que comenzaron a reportarse los misteriosos incidentes de salud.
"Espero ser informado sobre la situación. Hay información nueva, como ustedes dicen, que ha salido a la luz, y tomaré una determinación después de que eso ocurra", declaró Carney, en referencia a las nuevas revelaciones sobre los hechos ocurridos en la embajada canadiense en La Habana.
El abogado de los afectados, Paul Miller, reaccionó al día siguiente y cuestionó que las palabras del actual primer ministro canadiense se parecen a las respuestas ofrecidas en 2017 por el entonces primer ministro Justin Trudeau y su canciller Chrystia Freeland, cuando comenzaron a conocerse los primeros casos.
Miller sostuvo que, desde entonces, las familias canadienses afectadas no han recibido una atención comparable a la brindada a sus colegas estadounidenses.
"Espero que el nuevo liderazgo de Canadá examine en serio cómo ocurrieron los ataques, por qué ocurrieron y, por primera vez, tome medidas reales ante las lesiones", afirmó Miller.
La nueva controversia se produce después de que The Globe and Mail informara que Canadá y Estados Unidos colaboraron estrechamente en asuntos de inteligencia en Cuba entre 2016 y 2018, precisamente durante el período en que diplomáticos y personal de inteligencia de ambos países comenzaron a presentar síntomas como hemorragias nasales, mareos, jaquecas, visión borrosa y pérdida de memoria.
Según una de las fuentes citadas por el medio canadiense, un diplomático vinculado al Programa Global de Informes de Seguridad (GSRP) de la embajada de Canadá en La Habana recopilaba inteligencia humana, incluso fuera de la capital cubana.
La revelación plantea nuevas preguntas sobre las actividades que realizaban los funcionarios canadienses en la isla y sobre si esas labores pudieron estar relacionadas con los incidentes de salud reportados posteriormente.
El llamado Síndrome de La Habana, denominado oficialmente Anomalous Health Incidents (AHI), comenzó a ser reportado por funcionarios estadounidenses destinados en La Habana a partir de 2016. Entre los síntomas denunciados estuvieron mareos, pérdida del equilibrio, problemas de audición, dolores de cabeza, alteraciones de la visión, ansiedad y dificultades cognitivas.
Durante años, la posible participación de un actor extranjero ha sido objeto de investigaciones y de fuertes discrepancias dentro de la comunidad de inteligencia estadounidense.
En marzo de 2023, una evaluación de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos concluyó que era "muy improbable" que un adversario extranjero fuera responsable de los incidentes. El Gobierno de Canadá también informó posteriormente que sus investigaciones no habían encontrado evidencia creíble que vinculara a un actor extranjero con los casos reportados por su personal.
Sin embargo, esa conclusión comenzó a ser cuestionada públicamente dentro de Estados Unidos. En diciembre de 2024, el congresista republicano Rick Crawford, entonces presidente del Subcomité de la CIA del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, presentó un informe en el que sostuvo que existían "pruebas fiables" para considerar que algunos de los incidentes podrían ser obra de adversarios extranjeros. El informe también cuestionó la forma en que se elaboró la evaluación de inteligencia de 2023.
Además, funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense indicaron a víctimas del síndrome en noviembre de 2024 que algunas conclusiones de la evaluación de 2023 —en particular la ausencia de evidencia de que un adversario extranjero tuviera capacidad o estuviera involucrado— "ya no eran válidas", según personas presentes en aquella reunión citadas por The Miami Herald.
La situación tampoco quedó cerrada con esas revelaciones. Una revisión de inteligencia estadounidense conocida posteriormente mantuvo que la mayoría de las agencias consideraban muy improbable la participación de un adversario extranjero, aunque dos organismos llegaron a conclusiones diferentes sobre la posibilidad de que una potencia extranjera hubiera desarrollado o utilizado una tecnología capaz de provocar algunos de los efectos denunciados.
Ahora, las revelaciones sobre las actividades de inteligencia canadiense y estadounidense en Cuba durante los años en que comenzaron los incidentes vuelven a colocar el caso en el centro de la atención pública en Canadá.
Exfuncionarios de inteligencia y altos cargos de seguridad canadienses han reclamado una investigación independiente sobre lo ocurrido con los diplomáticos canadienses en La Habana y sobre la respuesta del Gobierno a las lesiones denunciadas.
Para las familias afectadas, la cuestión no se limita a determinar qué provocó los síntomas, sino también a establecer qué actividades realizaban los funcionarios en Cuba, qué información conocían las autoridades canadienses y estadounidenses y por qué la respuesta a los afectados ha sido cuestionada durante años.