Miles de cubanos, como Tomás Antúnez, se ganan la vida de basurero en basurero, recogiendo latas y metales para vender a las oficinas de Materias Primas en todo el país. El hombre que recoge latas tiene un oficio conveniente y productivo en la isla, donde casi nada se recicla. 

Todos los del gremio conocen bien el mapa comercial de la ciudad, las zonas donde dejan más latas de cerveza o refresco, que es lo que los ayudará a subsistir en medio de la crisis actual.