La difusión esta semana de imágenes que muestran equipos antiaéreos desplegados en Pinar del Río para reforzar la seguridad del dictador Miguel Díaz-Canel durante el acto nacional por el 26 de Julio, así como el movimiento de otras unidades de artillería antiaérea en distintos puntos de Cuba, ha alimentado las especulaciones sobre el nivel de preocupación del régimen ante un eventual escenario de crisis

Las fotografías fueron divulgadas por el periodista Mario J. Pentón en sus redes sociales.

"Tienen temor, pánico, pero también eso es un medio para intimidar al pueblo", afirmó a ADN Cuba Luis Domínguez, investigador de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC), al ser consultado sobre el despliegue militar observado en los últimos días.

 

Las imágenes compartidas por Pentón muestran sistemas de defensa antiaérea posicionados en la provincia sede de las celebraciones oficiales por el aniversario 73 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, un evento encabezado por Díaz-Canel bajo un fuerte dispositivo de seguridad.

El despliegue coincide además con un hecho poco habitual: la ausencia de Raúl Castro en el acto oficial del 26 de Julio. El general retirado, que durante años ha sido una presencia casi obligada en esta conmemoración, no asistió a la ceremonia, alimentando aún más las especulaciones sobre las preocupaciones de la cúpula gobernante en un contexto de creciente tensión política y social.

Aunque las autoridades cubanas no han ofrecido explicaciones sobre los movimientos militares, las imágenes han sido interpretadas por diversos observadores como una señal del nerviosismo del régimen, que en los últimos meses ha intensificado su discurso sobre supuestas amenazas externas, especialmente desde Estados Unidos.

Sin embargo, el despliegue contrasta con el profundo deterioro de las capacidades reales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Cientos de videos e imágenes difundidos en los últimos meses por las propias FAR y por medios oficiales muestran una institución reducida, equipada mayoritariamente con armamento soviético obsoleto y vehículos militares con varias décadas de servicio.

Según datos oficiales citados por CNN el mes anterior, las FAR alcanzaron su mayor capacidad a comienzos de la década de 1990, cuando contaban con más de 235.000 efectivos y disponían de abundante armamento suministrado por la entonces Unión Soviética. Tras el colapso del bloque soviético, el número de militares activos cayó hasta alrededor de 50.000, mientras buena parte de su equipamiento quedó fuera de servicio por falta de mantenimiento, piezas de repuesto y modernización.

Domínguez explicó además a ADN Cuba que, en la actualidad, solo permanecen operativas las bases aéreas de San Antonio de los Baños y Playa Baracoa, ambas ubicadas en el occidente del país. El resto de las instalaciones militares fueron cerradas o abandonadas durante la década de 1990 como consecuencia de la crisis económica y del progresivo debilitamiento de la infraestructura militar cubana.

En ese contexto, el reciente movimiento de equipos antiaéreos parece responder más a un intento de proyectar capacidad defensiva y controlar el escenario interno que a una demostración de poder militar efectivo. Para analistas y opositores, el régimen busca enviar un doble mensaje: mostrar vigilancia ante cualquier amenaza externa y, al mismo tiempo, reforzar la intimidación sobre una población golpeada por la crisis económica, los apagones, el desabastecimiento y el creciente descontento social.

Las imágenes difundidas durante esta semana vuelven a poner sobre la mesa las dudas acerca del verdadero estado de las capacidades militares del régimen y de los temores que predominan dentro de una cúpula que enfrenta su momento de mayor desgaste político desde las históricas protestas del 11 de julio de 2021.