Roban a cuentapropistas en Caibarién

Refrigerador, microondas, batidora, freidora, dispensador, hornilla y varios enseres de cocina fueron el botín con el cual cargaron los autores de un robo la pasada semana en Caibarién.
Reparto Van Troi I, en Caibarién
 

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En horas de la madrugada del pasado martes, los ladrones dieron al traste con uno de los kioscos para el expendio de alimentos que se circunscriben al área comercial cuentapropista conocida como “El árbol del Espanto”, bautizo que desde el pasado siglo recibiera el sitio por parte del pueblo irritado de Caibarién, dados los exorbitantes precios que habrían de pagarse por lo allí comprado.

Idanis Pérez Valdés, empleada de la dirección municipal del Partido Comunista, y su actual esposo resultaron ser los propietarios del local cuyo cartel, propiedad de un pariente anterior se anuncia como “Churrería El Cubanito”, el cual fue completamente vaciado, exceptuando un freezer criollo al que por su peso descomunal no pudieron cargar, pero de donde sí sustrajeron “los valiosos equipos electrónicos que, según palabras propias del dúo afectado, fueron importados desde Venezuela.

Refrigerador, microondas, batidora, freidora, dispensador, hornilla y varios enseres de cocina fueron el botín con el cual corrieron sin ocasionar ruidos tan expertos forajidos.

Aunque el barrio suele pagar a un custodio nocturno desde siempre, más necesario aún en estos tiempos de nula vigilancia cederista, dado el hecho que la zona da cobijo a algunos de los dueños o encargados a priori que mantienen allí intereses, “nadie escuchó nada anormal en la noche anterior y madrugada” y así lo relataron algunos a los miembros del departamento de investigaciones de la dirección de Criminalística Provincial de la PNR, el que en esta misma mañana de martes hizo acto presencial.

Acerca del destino actual de tal custodio, nadie profirió palabra.

Los entrenados perros que los compañeros trajeron consigo perdieron el rastro olfativo tras la pista de los delincuentes apenas pocos metros del lugar del hecho, lo que se sobreentiende como que los individuos (porque evidentemente fueron más que dos) venían preparados para la macabra operación hasta con un vehículo de desconocida propulsión.

La incidencia progresiva en el robo descarado a propiedades públicas o privadas, en apartamentos del reparto y sitios de abastecimientos del estado, han estado sucediendo desde tiempo inmemorial en toda el área residencial, pero se han visto agravados los números estadísticos en el índice de solvencia jurídico-policial, desde que comenzó la actual crisis provocada por la pandemia que nos azota.

Muchas de las denuncias presentadas a las que han acudido los cuerpos armados previamente convocados por sus denunciantes –bien muy temprano, como en este caso, o demasiado tarde, como en otros—, se han rendido exhaustos ante la interminable tarea de intentar hallar presuntos implicados.

Recientemente, varios balcones de apartamentos en el nuevo Reparto Van Troi II, el que fuera construido en los últimos años fundamentalmente para usufructo de trabajadores del turismo en la cercano cayería, y que colinda con los edificios del Van Troy I en donde se encuentra enclavada esta área desvalijada ya con harta frecuencia, también fueron vaciados de misceláneas, bicicletas, sillones y ropas tendidas por sus moradores horas antes de acostarse, lo cual da una idea de la voracidad indistinta de semejantes ladronzuelos.

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