Carlos Trujillo pasó de ocupar uno de los puestos diplomáticos más relevantes de Estados Unidos para América Latina durante la primera Administración de Donald Trump a dirigir una influyente firma de lobby y consultoría con operaciones en Washington y Florida.

Su nombre vuelve ahora al centro de la política hacia Cuba después de que Continental Strategy LLC, la compañía que fundó, pusiera fin a su representación de Vima World SL, una empresa española con importantes operaciones comerciales en la isla y señalada por sus vínculos empresariales con GAESA, el conglomerado controlado por las Fuerzas Armadas del régimen cubano.

Según una investigación publicada por Legis1, Continental Strategy canceló el contrato con Vima World el 1 de septiembre de 2026, apenas siete semanas después de haber registrado a la empresa como cliente.

Durante ese período, la firma reportó 37.742 dólares en ingresos por labores de cabildeo relacionadas con política exterior, comercio y la industria alimentaria.

El episodio vuelve a colocar el foco sobre Trujillo, un abogado y exlegislador republicano de Florida que terminó convirtiéndose en una de las figuras de la política hemisférica de Trump.

De legislador de Florida a embajador ante la OEA

Trujillo ejerció como representante por el Distrito 105 en la Cámara de Representantes de Florida entre 2010 y 2017, antes de dar el salto al ámbito diplomático federal.

En marzo de 2018 fue juramentado como representante permanente de Estados Unidos ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), cargo que desempeñó durante la primera Administración Trump.

Su etapa en la organización coincidió con uno de los momentos de mayor presión de Washington sobre los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

En una declaración presentada ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en julio de 2020, cuando Trump lo nominó para ocupar la Subsecretaría de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Trujillo defendió esa línea política y destacó el papel de la OEA frente a los gobiernos de esos tres países. 

Sobre Cuba fue todavía más explícito. Trujillo sostuvo ante el Senado que el régimen cubano socavaba la democracia en la región y afirmó que la Administración estaba incrementando la presión sobre La Habana mediante restricciones a sus principales fuentes de ingresos, entre ellas la inversión extranjera, los viajes y las misiones médicas cubanas -expuestas y declaradas tantas veces como trabajo esclavo-. 

El documento oficial de aquella comparecencia lo identifica como candidato a Assistant Secretary of State for Western Hemisphere Affairs (Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental), uno de los cargos de mayor peso en la política estadounidense hacia América Latina. 

De la diplomacia al negocio del lobby

Tras abandonar el servicio público, Trujillo fundó Continental Strategy, dedicada a relaciones gubernamentales, asesoría regulatoria, asuntos públicos y negocios internacionales.

La firma ha trabajado con clientes corporativos de gran tamaño. Según los registros recopilados por Legis1, Continental Strategy ha recibido, a través de distintos informes de lobby, 840.000 dólares de Grupo Elektra, unos 648.388 dólares de Cleveland-Cliffs y 600.000 dólares de cada una de compañías como American Textile & Apparel, Atlantida Global Services, GEO Group y Target Hospitality.

También ha representado a empresas como Google Cloud y Centene Corp, algo que no es sorprendente por el grupo de personas reconocidas que agrupa la firma.

El equipo de la consultora de acuerdo a su web, incluye nombres como el de Alberto Martínez, actual socio director de su oficina en Washington y antiguo jefe de gabinete del entonces senador Marco Rubio. Martínez fue asesor de Rubio durante más de una década y dirigió su agenda legislativa, política y de comunicaciones en el Senado, dice su biografía.

Otro de los socios, John Barsa, fue administrador interino de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) durante el primer Gobierno de Trump y antes había sido responsable de la oficina de América Latina y el Caribe. En ese puesto trabajó directamente en políticas relacionadas con Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La firma también cuenta entre sus socios con Katie Wiles quien se ocupa de comunicaciones estratégica con clientes, y es hija de Susie Wiles, la jefa de gabinete de Donald Trump en la Casa Blanca.

Pero fue uno de sus clientes internacionales el que colocó a la firma frente a un asunto especialmente sensible para la política cubana de Washington.

El contrato con Vima World

Continental Strategy registró a Vima World SL como cliente el 24 de julio de 2026.

Según los documentos oficiales revisados, el trabajo de cabildeo abarcaba asuntos relacionados con relaciones exteriores, comercio nacional e internacional y la industria alimentaria, incluyendo cuestiones de seguridad y etiquetado. Entre los lobistas que trabajarían para Vima estaban también Francisco Petrirena, el Vicepresidente de la compañía (nacido en Cuba), Eric Farnsworth, también parte del equipo de Continental, y el propio Trujillo. 

Pero la relación entre ambas empresas no llegó a dos meses. El 1 de septiembre, Continental Strategy puso fin a la representación de la española Vima.

La decisión resulta especialmente relevante por el contexto. Vima World mantiene importantes operaciones comerciales relacionadas con Cuba y, de acuerdo con Legis1, su negocio está estrechamente ligado a GAESA.

El medio señala además que aproximadamente 49 millones de euros de los ingresos obtenidos en 2024 por una filial de la compañía en A Coruña procedieron de operaciones en Cuba. La historia de Vima con el régimen de La Habana se remonta a los años 90, convirtiendo la isla durante décadas en uno de sus principales puntos comerciales. 

El factor GAESA

El momento de la ruptura coincide con el endurecimiento de la política estadounidense contra el conglomerado militar cubano.

La Administración Trump ha incrementado la presión sobre compañías y estructuras vinculadas a GAESA, un grupo empresarial que controla una parte considerable de los sectores estratégicos de la economía cubana mientras la isla atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente.

Ese contexto aumenta el riesgo para firmas estadounidenses que representen a clientes extranjeros con vínculos comerciales con entidades sancionadas o controladas por el aparato militar cubano. Los documentos consultados no indican que Vima World haya sido sancionada directamente por Estados Unidos, como lo explica un comunicado de la OFAC.

Lo que sí muestran es que sus operaciones en Cuba y sus vínculos comerciales con GAESA podían colocarla bajo un escrutinio mucho mayor en medio del nuevo régimen de sanciones.

Una ruptura llamativa por el historial de Trujillo

La decisión de Continental Strategy adquiere además un peso político particular por el propio historial de Trujillo, quien además -según su propia firma- es miembro del Consejo Directivo de Víctimas del Comunismo.

Carlos Trujillo no es un lobista cualquiera: fue una de las figuras de confianza de Trump para América Latina, con experiencia en la OEA, la ONU y la política de Florida, y con una trayectoria marcada por una postura frontal contra los regímenes autoritarios de la región.

Durante su etapa en el Gobierno, el exembajador fue uno de los funcionarios que defendió públicamente una estrategia destinada a restringir particularmente las fuentes de ingresos del régimen cubano.

En su testimonio ante el Senado en 2020, afirmó que Washington buscaba aumentar la presión sobre La Habana y limitar los recursos que sostenían su aparato político y represivo. 

Seis años después, su propia firma terminó una relación comercial con un cliente vinculado al mercado cubano justo cuando Washington endurecía nuevamente su política hacia las compañías conectadas con el entramado empresarial de GAESA.

Legis1 considera que el caso ilustra los riesgos financieros y reputacionales que pueden enfrentar las firmas de lobby estadounidenses cuando representan a compañías con intereses comerciales relacionados con entidades de la dictadura. 

Hasta el momento Continental Strategy no aparece acusada en los documentos consultados de haber violado sanciones estadounidenses.

Pero el episodio deja una contradicción política difícil de ignorar: Carlos Trujillo pasó años defendiendo desde el Gobierno una estrategia para cortar las fuentes de ingresos del aparato económico-militar cubano y, ya desde el sector privado, su firma terminó representando durante varias semanas a una compañía vinculada comercial y públicamente con ese mismo entramado.