Un joven cubano murió después de resultar gravemente herido por el disparo accidental de un fusil que transportaba mientras circulaba en bicicleta por Bolondrón, municipio Pedro Betancourt, en la provincia de Matanzas.
El hecho ocurrió el pasado 25 de agosto, según informó la página de Facebook oficialista Con Todos La Victoria. La víctima no ha sido identificada públicamente ni se ha precisado su edad.
De acuerdo con esa versión, el joven llevaba al hombro un fusil calibre .22, marca Berno 2, cuando el arma cayó al pavimento. Tras el impacto contra el suelo se produjo una detonación y el proyectil lo alcanzó en un brazo, el rostro y el ojo izquierdo.
El joven fue trasladado de urgencia al Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Comandante Faustino Pérez Hernández, en Matanzas, donde permaneció ingresado en la unidad de cuidados intensivos. Sin embargo, falleció posteriormente debido a la gravedad de las lesiones.
La publicación oficialista sugirió además que el accidente habría estado relacionado con el incumplimiento de las medidas de seguridad necesarias para transportar un arma de fuego.
Hasta el momento, no se han divulgado detalles sobre el origen del fusil, por qué el joven lo portaba mientras circulaba en bicicleta ni si las autoridades realizaron una investigación sobre el incidente.
Otros accidentes con armas de fuego en Cuba
El fallecimiento se produce pocos días después de otro caso mortal ocurrido también en Matanzas. A mediados de agosto, un joven de 27 años murió tras recibir un disparo presuntamente accidental mientras participaba en una jornada de caza en una zona rural de Calimete.
Según la información difundida por Nio reportando un Crimen, el hecho ocurrió en la finca Dos Ríos, en la zona de Céspedes-Rabí. El joven se encontraba a caballo junto a un conocido identificado como Yasiel cuando los animales se enredaron con la vegetación. En medio del forcejeo, se habría escapado un disparo del arma que llevaba su acompañante.
El caso de Bolondrón se suma así a otros episodios en los que el uso o manejo de armas de fuego ha terminado con personas heridas o fallecidas en la isla.
En octubre de 2025, un adolescente de 14 años resultó herido de bala en Camagüey por un agente de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). El propio Ministerio del Interior (MININT) calificó el hecho como accidental y afirmó que al oficial “se le escapó un disparo” de su arma reglamentaria. El agente también resultó herido.
El menor fue intervenido quirúrgicamente en el Hospital Provincial Infantil Eduardo Agramonte Piña y, según el MININT, se encontraba consciente y fuera de peligro.
Un año antes, en julio de 2024, el cubano Ernesto Figueredo Alarcón, de 23 años, murió después de recibir un disparo en la cabeza efectuado por un agente de la PNR en Bayamo, Granma.
El hecho ocurrió el 19 de julio en la vivienda de Figueredo, en el reparto Rosa La Bayamesa. El policía, conocido como “Chucho”, era amigo y vecino de la víctima. Familiares y allegados sostuvieron que ambos mantenían una relación cercana y que el disparo habría ocurrido accidentalmente.
Una amiga de Figueredo afirmó entonces que el agente “se puso a jugar con la pistola” y que el arma se disparó, aunque las circunstancias exactas del incidente no fueron esclarecidas públicamente.
Figueredo permaneció varios días en terapia intensiva con diagnóstico de muerte encefálica y finalmente falleció el 25 de julio de 2024. La organización independiente Cubalex reclamó una investigación rigurosa y transparente sobre su muerte.
Los casos ocurridos en Matanzas, Camagüey y Granma tienen circunstancias diferentes, pero vuelven a poner sobre la mesa los riesgos asociados al manejo y portación de armas de fuego en Cuba, especialmente cuando se producen incidentes que las propias autoridades o fuentes oficialistas califican como accidentales.