El régimen cubano explota la apertura de Estados Unidos para cultivar relaciones, obtener información y construir redes de influencia dentro del país, según expusieron especialistas, exagentes de inteligencia y periodistas durante el panel “The Enemy Within: Cuban Intelligence Penetration in the United States”, celebrado este martes en Washington, D.C.
El evento fue organizado por el Adam Smith Center for Economic Freedom de Florida International University (FIU), con el patrocinio de Cuba Archive y la Foundation for Human Rights in Cuba, y reunió a expertos en inteligencia, seguridad nacional y las operaciones de influencia de La Habana.
El panel fue seguido por una audiencia integrada por académicos, diplomáticos de varios países y profesionales vinculados a las comunidades de inteligencia y seguridad nacional.
Entre los principales participantes estuvieron la periodista investigativa Gelet Martínez Fragela, fundadora de ADN Cuba y directora ejecutiva de Digital News Association; María Werlau, directora ejecutiva de Cuba Archive; y los exoficiales de inteligencia cubana José “Pepe” Cohen y Enrique García. También participaron Peter Lapp, exagente especial del FBI que contribuyó al arresto de la espía cubana Ana Belén Montes, y Stuart Hoyt, exagente supervisor del FBI con más de dos décadas de experiencia en contrainteligencia relacionada con Cuba.
“La última industria que funciona en Cuba es la influencia”
Martínez Fragela presentó una investigación de código abierto que, durante más de dos años, ha permitido identificar y verificar unas 1.583 entidades vinculadas al régimen cubano dentro de Estados Unidos.
La investigación se basó en documentos y registros públicos, entre ellos archivos municipales, declaraciones fiscales, legislaciones locales, registros de nombres comerciales, fotografías publicadas y registros de viajes.
“La última industria que funciona en Cuba es la influencia”, afirmó la periodista durante su presentación, al explicar que una de las principales “líneas de producción” del régimen se encuentra fuera de la isla.
Martínez Fragela aclaró que su investigación no sostiene que La Habana dirija directamente a cada organización o individuo identificado.
“No estoy afirmando que Cuba dirija a cada organización o a cada individuo. Lo que puedo documentar es una estructura que hace que las personas sean útiles para el Estado cubano”, explicó.
Su presentación, titulada “Cuba’s Playbook: A Convergence Point for Foreign Adversaries”, examinó precisamente cómo organizaciones vinculadas al régimen cubano convergen con redes asociadas a otros actores extranjeros.
La periodista mostró casos de organizaciones y activistas que, además de promover objetivos favorables a La Habana, han coincidido con redes vinculadas a otros adversarios de Estados Unidos. Entre los ejemplos mencionados estuvieron conexiones con actores asociados a organizaciones bajo designación terrorista estadounidense y la movilización de grupos procubanos en defensa de los llamados Uhuru 3, procesados en un caso relacionado con influencia rusa.
El objetivo, explicó, no es presentar automáticamente esas relaciones como operaciones de inteligencia, sino documentar cómo se conectan organizaciones, personas y capacidades que pueden resultar útiles para los objetivos del régimen cubano.
Una red de organizaciones con diferentes funciones
Uno de los principales focos de la investigación fue la National Network on Cuba, una estructura integrada por unas 67 a 70 organizaciones que, según explicó Martínez Fragela, cumplen distintas funciones: movilización, organización, difusión mediática, asistencia material, acceso político y promoción de viajes, entre otras.
La periodista destacó que las organizaciones no necesariamente cumplen todas las mismas funciones y que existe una especie de distribución de capacidades dentro de la red.
“Donde la capacidad es barata, hay muchos grupos; cuando la capacidad es costosa, hay pocos grupos realizando esas funciones”, señaló.
Según su análisis, la redundancia permite que determinadas capacidades estén ampliamente distribuidas, mientras que aquellas que requieren mayores recursos o especialización quedan concentradas en un número reducido de organizaciones.
Como ejemplo mencionó a Pastors for Peace, organización que, según su análisis, combina al menos seis funciones: movilización en Estados Unidos, envío de ayuda material y médica a Cuba, viajes a la isla, reclutamiento de estudiantes para brigadas, activismo político y conexión de activistas con instituciones cubanas.
Martínez Fragela también llamó la atención sobre un patrón que denominó “Club 17”: el hecho de que algunos activistas prominentes comenzaron a viajar a Cuba desde edades muy tempranas, incluso con 16 o 17 años.
La periodista señaló que Marazul promociona viajes y brigadas a Cuba para estudiantes de secundaria. No obstante, subrayó que este patrón, por sí solo, no demuestra que exista reclutamiento de inteligencia ni actividad clandestina, pero consideró que merece ser examinado por la manera en que puede contribuir a formar futuros organizadores y activistas vinculados a la isla.
Otro de los mecanismos analizados fue la relación entre organizaciones procubanas y gobiernos municipales estadounidenses mediante programas de ciudades hermanas.
Martínez Fragela afirmó que, en cada una de las ciudades estadounidenses con relaciones de hermanamiento con localidades cubanas que examinó, encontró alguna petición o resolución que defendía objetivos políticos favorables al régimen de La Habana.
Según su investigación, se han aprobado más de 100 resoluciones de este tipo, con una concentración importante en California.
La periodista citó además casos en los que organizaciones locales reconocieron que encuentros con representantes de instituciones cubanas habían servido como inspiración para impulsar posteriormente iniciativas políticas favorables a La Habana.
Como caso de estudio mencionó Richmond, California, ciudad hermanada con Regla, en La Habana, y donde existe además un comité de amistad relacionado con miembros de la Brigada Venceremos.
Para Martínez Fragela, estos vínculos muestran que la influencia no se limita a Washington o a las relaciones con el Gobierno federal, sino que también puede desarrollarse a nivel municipal.
Werlau: más de 4.500 relaciones de inteligencia
María Werlau presentó una estimación de 4.567 relaciones de inteligencia cubana en Estados Unidos, calculada a partir de información proporcionada por cuatro desertores de los servicios de inteligencia cubanos y de estimaciones sobre las relaciones manejadas por oficiales de inteligencia en diferentes departamentos.
Werlau aclaró durante la sesión de preguntas que la cifra no se refiere exclusivamente a agentes reclutados clandestinamente para entregar secretos.
El concepto utilizado incluye relaciones gestionadas por la inteligencia cubana con personas de los sectores empresarial, gubernamental, académico y periodístico, muchas de ellas de carácter abierto.
La directora de Cuba Archive describió la estimación como aproximada, pero suficientemente sólida para dimensionar la magnitud de la estructura de relaciones desarrollada por La Habana.
Werlau también sostuvo que Cuba mantiene una presencia diplomática internacional desproporcionada respecto al tamaño de la isla y que sus embajadas y misiones ante organismos internacionales pueden servir como centros de inteligencia e influencia.
En su intervención describió la estrategia cubana como una combinación de aparato de inteligencia, diplomacia, propaganda, redes sociales y otras formas de influencia, en una estructura que, a su juicio, permite a La Habana proyectar un peso internacional muy superior al que correspondería a su tamaño.
Las misiones médicas como herramienta de influencia
Werlau dedicó además parte de su intervención a las misiones médicas cubanas, que describió como un mecanismo de generación de ingresos y de influencia política internacional.
La especialista las calificó como un “ejército todoterreno de batas blancas” y sostuvo que el sistema permite a La Habana obtener recursos, pero también construir relaciones con gobiernos, ministerios de Salud y organismos internacionales.
Según su exposición, las misiones médicas se han convertido además en una herramienta para conseguir apoyos políticos y votos en organismos multilaterales.
Werlau las vinculó también con un esquema de explotación de los propios profesionales cubanos, al considerar que el Estado cubano obtiene importantes beneficios económicos de su trabajo en el extranjero.
José “Pepe” Cohen, exoficial de la Dirección de Inteligencia cubana, explicó cómo el aparato de espionaje de La Habana buscó aprovechar la apertura de Estados Unidos para obtener acceso a información y tecnología.
Cohen, quien trabajó en criptanálisis, espionaje industrial y operaciones contra Estados Unidos antes de escapar de Cuba en 1994, afirmó que la apertura estadounidense constituye al mismo tiempo una de las mayores fortalezas y vulnerabilidades del país.
“Este país, increíble, impresionantemente poderoso, es vulnerable”, sostuvo.
El exoficial explicó que la inteligencia cubana buscaba personas con acceso a sectores sensibles, entre ellos la biotecnología y la microelectrónica, y que explotaba resentimientos personales o simpatías ideológicas para obtener acceso a tecnología e información.
“Se robaban billones de dólares en tecnología que Cuba no podía usar”, afirmó Cohen.
Según explicó, parte de esa tecnología podía ser trasladada a través de México para que Cuba la vendiera o transfiriera a otros adversarios que sí podían aprovecharla.
Entre las áreas mencionadas estuvieron la microelectrónica, la fabricación de computadoras y el desarrollo de cohetes.
Peter Lapp, el exagente del FBI que participó en la captura de Ana Belén Montes, destacó que la espía permaneció aproximadamente 17 años trabajando para Cuba antes de ser descubierta.
Aunque calificó su arresto como un éxito de contrainteligencia, consideró que el tiempo durante el cual Montes pudo operar constituye también un fracaso de las instituciones encargadas de detectar el espionaje.
“El hecho de que haya cometido espionaje durante 17 años es un fracaso de contrainteligencia. Diecisiete años son 17 años, demasiado tiempo”, afirmó.
Lapp también cuestionó la prioridad que recibe Cuba dentro del aparato de seguridad estadounidense frente a países como Rusia y China.
“A la gente realmente no le importa Cuba dentro del gobierno de Estados Unidos”, dijo. “Y yo tengo un problema con eso”.
El exagente aseguró que colocaría a la inteligencia cubana, “libra por libra”, frente a cualquier servicio de inteligencia del mundo.
A su juicio, mientras Cuba ha mantenido durante décadas una estrategia enfocada en penetrar y aprovechar las vulnerabilidades estadounidenses, Washington no siempre ha otorgado a La Habana una prioridad proporcional dentro de sus esfuerzos de contrainteligencia.
La paciencia como método
Stuart Hoyt, exagente supervisor del FBI especializado durante más de 20 años en contrainteligencia relacionada con Cuba, insistió en otro elemento que, a su juicio, caracteriza las operaciones de La Habana: la paciencia.
“Están ahí para el largo plazo”, afirmó.
Hoyt mencionó como ejemplos los casos de Ana Belén Montes, el exembajador estadounidense Manuel Rocha y Walter y Gwendolyn Myers, todos vinculados a operaciones de espionaje a favor de Cuba.
El mensaje central de los especialistas reunidos en Washington fue que la amenaza no se limita a los casos clásicos de espionaje clandestino.
Las presentaciones apuntaron a un entramado mucho más amplio, compuesto por relaciones personales, organizaciones, viajes, instituciones, acceso político, propaganda y conexiones internacionales que pueden ser aprovechadas por el régimen cubano durante largos períodos de tiempo.
Para Martínez Fragela, mapear ese ecosistema permite observar una estructura de influencia que permanece en buena medida a la vista, pero cuya dimensión y conexiones pueden pasar inadvertidas cuando cada organización o individuo se analiza de manera aislada.