El músico y escritor cubano Ulises Aquino denunció que el circuito donde vive y trabaja en el barrio Kholy, en La Habana, recibió apenas 55 minutos de electricidad durante seis días consecutivos, en medio de una de las etapas más críticas de la crisis energética que atraviesa Cuba.
Aquino relató la situación en una publicación en Facebook, donde cuestionó la distribución de la electricidad y puso como ejemplo que este jueves 3 de septiembre su circuito recibió solamente cuatro minutos y medio de servicio eléctrico.
“El circuito donde vivo y trabajo en el barrio de Kholy ha recibido en seis días seguidos solamente 55 minutos de corriente”, escribió Aquino.
El cubano señaló que la situación contrasta con la de otros lugares del mismo municipio, donde, según afirmó, los residentes llegan a recibir dos o más horas de electricidad.
Aquino también cuestionó que la distribución de la energía pueda estar relacionada con las características del barrio, donde viven altos funcionarios y trabajadores del Estado, aunque recordó que también residen familias humildes, además de habitantes de solares y edificios.
“¿Es esto una denuncia?”, se preguntó el cubano. “No, es un llamado inicial de atención, porque conozco de gente que está sufriendo mucho más”, añadió.
La publicación generó comentarios de otros residentes de La Habana que describieron situaciones similares en diferentes zonas de la capital.
El internauta Raúl Rodríguez afirmó que en el circuito 2210, correspondiente a La Víbora, los residentes han recibido apenas una hora y media o dos horas de electricidad durante los últimos cinco o seis días y que desde el martes no tenían servicio.
“Cada vez que se va a algún lugar a averiguar qué pasa, es una historia distinta y nadie sabe quién dice la verdad”, comentó Rodríguez.
Las denuncias ocurren mientras los apagones se han convertido nuevamente en uno de los principales problemas para los cubanos, con jornadas en las que amplias zonas de la isla permanecen durante horas sin electricidad.
Los propios datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE) muestran la magnitud del deterioro del Sistema Electroenergético Nacional. El 26 de agosto, la empresa pronosticó una afectación de 2.130 megavatios (MW) durante el horario de máxima demanda, después de una jornada en la que el servicio había estado afectado durante las 24 horas.
Días después, para el 31 de agosto, la UNE estimó una afectación de 2.410 MW durante el pico nocturno, en una jornada que volvió a estar marcada por una situación “tensa” del sistema eléctrico.
Septiembre comenzó sin alivio. Para el 1 de septiembre, la empresa estatal calculó una afectación de 2.310 MW en el horario de mayor demanda, equivalente a cortes simultáneos sobre aproximadamente el 70 % del país. La disponibilidad prevista era de apenas 1.020 MW frente a una demanda máxima de 3.300 MW.
El jueves 3 de septiembre, la situación continuó en niveles críticos: la UNE calculó una disponibilidad de 990 MW frente a una demanda de 3.250 MW, con un déficit de generación de 2.060 MW y una afectación prevista de 2.090 MW.
El deterioro del sistema responde a una combinación de factores, entre ellos las frecuentes averías y el envejecimiento de las centrales termoeléctricas, así como la falta de combustible que limita la generación. Para la jornada del 3 de septiembre, nueve de las 16 unidades termoeléctricas del país se encontraban fuera de servicio.
La crisis ha llevado a que en La Habana se reporten apagones de hasta 20 horas o más, mientras algunas zonas del país, sobre todo en el oriente, han sufrido interrupciones de más de dos días consecutivos, según datos citados por EFE.
En ese contexto, el testimonio de Aquino refleja hasta qué punto los apagones están afectando incluso a barrios de la capital donde, según los propios residentes, existen diferencias importantes en la cantidad de electricidad que reciben unos circuitos y otros.
Para quienes enfrentan jornadas enteras sin corriente, los problemas no se limitan a la falta de iluminación. Los prolongados apagones afectan la conservación de alimentos, la posibilidad de cocinar, el acceso al agua en edificios con sistemas de bombeo, las comunicaciones y las condiciones para trabajar o descansar, agravando una crisis que el régimen cubano no ha conseguido resolver.