“Nada de lo que están haciendo es economía”: cubanos lamentan el “ordenamiento” del régimen
Indignantes, insultantes, desorbitados, irreales. Así describen muchas personas en la calle cuando se les pregunta su opinión sobre el costo que, de la noche a la mañana, han adquirido los productos básicos en Cuba
Un cubano sostiene un fajo de billetes de moneda nacional. Foto: EFE
 

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Indignantes, insultantes, desorbitados, irreales. Así describen muchas personas en la calle cuando se les pregunta su opinión sobre el costo que, de la noche a la mañana, han adquirido los productos básicos en Cuba.

La llamada “Tarea de ordenamiento”, que en realidad vino a desordenar más la vida de los cubanos, contempla un incremento de los salarios hasta un mínimo de 2100 pesos, en cambio los nuevos precios se han disparado enormemente.

“Antes del famoso ordenamiento, tu ibas a la bodega con 50 pesos y podías sacar todos los mandados de la libreta, ahora con 400 pesos solo puedes sacar una parte”, dice Cacha, trabajadora retirada del sector de gastronomía. Fue, por muchos años, dependiente del establecimiento estatal “Los aires libres”, en la avenida 51, del municipio habanero de Marianao.

“Mucho antes que subieran el salario ya los productos estaban por las nubes. Ahora con el ordenamiento institucionalizaron la tragedia. Subieron el precio del transporte y los medicamentos. ¡Hasta la comida de los viejitos en el comedor de asistencia social, de un peso diario lo subieron a 18! Mi opinión es que era mejor que hubieran dejado las cosas como estaban”.


Cacha cuestiona por qué “hacer esto a los cubanos después de una pandemia tan cruel”.

“Un pueblo tan noble, que los ha apoyado en todas las locuras que se han inventado durante tanto tiempo”, lamenta. Con ella vive su hermana Brunilda, que siempre fue ama de casa y no disfruta de una pensión.

“Dijeron que nadie quedaría desamparado, que podía comenzar los papeles para gestionar una chequera. Indagué el mecanismo y los trámites necesarios pero resultaron una barbaridad de gestiones y de dinero, entre certificación de nacimiento, de divorcio, sellos, al final me desanimé, voy a seguir bajo el ala de Cacha”, cuenta Brunilda, no sin pesar.

Por otra parte, Tato, un carretillero del barrio marginado “La aldea”, en la zona de Romerillo en el municipio Playa, vende paquetes de dos libras de frijoles negros a 140 pesos. Para los que protestan tiene una respuesta preparada: “Comes potaje o te comes el dinero”.

Si le preguntan por los precios topados por el régimen, Tato se ríe. “Eso es lenguaje de televisión, donde los dirigentes dicen cualquier cosa, lo primero que venga a la mente”, afirma.

“Que si el limón es la base de todo, que si el guarapo, que si el avestruz y la jutía, que sembrar una piña y una calabaza por CDR, que si el curiel… hablan y hablan, cualquier cosa, y Cuba cada día peor”, se burla Tato.

Un barbero de Jaimanitas, al que conocen como “El Fiñe”, comenzó el 2021 con el mismo peine, la misma tijera, el mismo espejo y el mismo sillón, pero, aunque no realizó inversión ni mejora en el servicio, incrementó el precio del pelado de 25 pesos a 70.

Al inquirir el por qué la subida del precio, Fiñe se encoge de hombros y bromea: “Todo ha subido, es un fenómeno que se denomina tendencia al alza, y no puedo quedarme fuera”.

Aunque la gente en Cuba anda asfixiada por la escasez y por los nuevos precios, se ven muy pocas protestas en la bodega, o en la panadería, donde ese alimento continúa con pésima calidad a pesar que su precio subió unas 20 veces.

Este "modulo" de productos normados que antes costaba 5 pesos, ahora cuesta 80. Foto: Cortesía del autor


Miguel García, natural de Bayate, en la provincia Artemisa, explica el conformismo de la población: “El problema es que uno protesta por aquí, y otro por allá, pero la gente no acaba de unirse para terminar de una vez por todas con esto. ¿Para qué hacerme el héroe si nadie va a seguirme? Grito y me llevan preso, me desaparecen, me hacen tierra, mi familia es la que sufre, me marco con la Seguridad del Estado, luego no encuentro trabajo en ninguna parte. Si hubiera una explosión social soy el primero en incorporarme a la lucha, pero mientras eso no suceda lo mío es buscarme el sustento diario. Antes me alcanzaba con cien, ahora tengo que luchar mil”.

El exprofesor de economía Tino Verdecia, residente en el barrio Buena Vista, opina que el gobierno comunista es un barco a la deriva.

“Perdió hace mucho tiempo el rumbo. Y el sentido de la decencia. Yo siempre tuve mis dudas con respecto al socialismo y al final siempre terminaba dándole un voto de confianza, a ver si resolvía el problema de la miseria y las faltas de perspectiva ciudadanas, que son sus rasgos distintivos, pero con este invento del ordenamiento que no va llevarnos a ninguna parte, ahora sí que me perdieron”.

“Nada de esto que están haciendo es economía. Yo, que fui tantos años profesor de la universidad, no me atrevo a definir qué cosa es”, concluye Verdecia.