Las conversaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos se encuentran “completamente estancadas”, aseguró la máxima representante diplomática del régimen cubano en Washington, Lianys Torres Rivera, en una entrevista concedida a Bloomberg este martes.

“El canal de diálogo se encuentra completamente estancado”, afirmó Torres Rivera, quien añadió que ambas partes son incapaces incluso de ponerse de acuerdo sobre una agenda básica. “No hay negociaciones”, dijo.

Las declaraciones suponen un reconocimiento desde La Habana de que los contactos con la Administración de Donald Trump, que el propio régimen había admitido meses atrás, no han producido avances sustanciales.

Pese al estancamiento, la diplomática aseguró que La Habana desea mantener una relación de respeto con su vecino del norte.

Cuba no es una amenaza para Estados Unidos. Cuba desea una relación de respeto con Estados Unidos en la que podamos hablar de nuestras prioridades comunes”, afirmó.

Torres Rivera rechazó además las acusaciones de Washington de que La Habana represente un riesgo para la seguridad nacional estadounidense o utilice su influencia para fomentar movimientos de disidencia contra Estados Unidos, tanto dentro como fuera de ese país.

Consultado por Bloomberg sobre las declaraciones de la diplomática cubana, un funcionario estadounidense describió a Cuba como un Estado fallido, resultado de años de mala gestión.

El funcionario señaló que el principal obstáculo para mejorar las relaciones bilaterales es la clase dirigente de La Habana, a la que acusó de controlar la isla en beneficio propio.

Un portavoz del Departamento de Estado añadió que, hasta ahora, el régimen no se ha mostrado dispuesto a aceptar medidas que beneficien a su propia población.

La Administración Trump, aseguró el portavoz, utilizará “todos los instrumentos a su alcance” para hacer frente a las amenazas contra la seguridad estadounidense y contribuir a que Cuba se recupere.

Torres Rivera también defendió el sistema político cubano frente a las críticas de Washington y rechazó que corresponda a Estados Unidos decidir qué modelo político debe adoptar la isla.

“Cuba tiene su propio sistema democrático, elegido por los cubanos”, afirmó.

La declaración vuelve a colocar en el centro del discurso oficial cubano la afirmación de que las elecciones organizadas bajo el sistema de partido único constituyen una expresión democrática, pese a que la Constitución cubana establece el carácter irrevocable del socialismo y reconoce al Partido Comunista de Cuba como la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado.

La diplomática sostuvo que en Cuba se celebran elecciones cada cinco años y contrapuso ese modelo al estadounidense, donde, según dijo, el dinero determina quién puede ser el mejor candidato.

Máxima presión de Trump sobre La Habana

El reconocimiento del estancamiento ocurre después de meses de creciente presión de la Administración Trump sobre el régimen cubano.

En mayo, Washington dio un paso especialmente contundente al incorporar al conglomerado militar GAESA a su campaña de presión económica. El Departamento de Estado ha señalado al grupo, que controla una parte sustancial de los sectores estratégicos de la economía cubana, como uno de los principales instrumentos económicos de la élite gobernante. Ese mes fueron sancionados GAESA y su entonces presidenta ejecutiva, mientras Washington advirtió sobre los riesgos para quienes hagan negocios con las entidades bloqueadas.

El 4 de junio, el Departamento del Tesoro amplió considerablemente las medidas: incluyó directamente en su lista de sancionados al dictador Miguel Díaz-Canel, a su esposa Lis Cuesta, a Manuel Anido Cuesta y a figuras de la familia Castro, entre ellas Alejandro Castro Espín. También fueron sancionados el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) y otras entidades vinculadas con el aparato de poder cubano.

Posteriormente, Washington continuó golpeando fuentes de ingresos vinculadas al aparato militar y empresarial del régimen. En junio, el secretario de Estado Marco Rubio anunció nuevas sanciones contra entidades relacionadas con GAESA, incluidas empresas vinculadas al movimiento de dinero y activos y a la explotación de recursos minerales y metálicos cubanos.

A esta presión económica se sumó en mayo un episodio de enorme peso político: el Departamento de Justicia de Estados Unidos desclasificó una acusación federal contra Raúl Castro y otros cinco integrantes del régimen por su presunta participación en el derribo, en 1996, de dos avionetas civiles operadas por Hermanos al Rescate. 

Los fiscales estadounidenses imputaron al dictador cargos que incluyen conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y cuatro cargos de asesinato.

Los mensajes indirectos de La Habana

El estancamiento también contrasta con varias señales enviadas desde el entorno del poder cubano durante los últimos meses, que apuntaban a una disposición a negociar con Washington.

Una de las más llamativas fue la creciente exposición pública de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro y miembro de su círculo de seguridad, quien comenzó a aparecer asociado a los contactos con funcionarios estadounidenses pese a no ocupar formalmente un cargo de Gobierno.

En marzo, la televisión estatal cubana mostró a Rodríguez Castro en una reunión de alto nivel del Partido Comunista y el Gobierno dedicada a las relaciones con Estados Unidos.

En junio concedió su primera entrevista al medio emiratí The National, en la que defendió una apertura económica sin aceptar cambios políticos. ADN Cuba documentó entonces que la aparición podía interpretarse como un mensaje estratégico de La Habana a Washington.

Un mes después, “El Cangrejo” concedió una extensa entrevista a USA Today en la que afirmó estar dispuesto a negociar directamente con Donald Trump.

La contradicción entre aquellos gestos y la declaración actual de que “no hay negociaciones” refleja la volatilidad y el carácter opaco de los contactos entre ambos gobiernos.

Para Washington, el problema central sigue siendo la permanencia de la estructura de poder que ha gobernado Cuba durante décadas.