El regreso a clases de decenas de miles de estudiantes cubanos el próximo 1 de septiembre viene cargado de otros significados y problemáticas que los menores no deberían estar viviendo.
Bajo el régimen cubano, la realidad para ellos es diferente: volver a la escuela significará intentar estudiar después de noches enteras sin dormir por los apagones, con alimentos cada vez más difíciles de conseguir, escuelas que arrastran años de deterioro y falta de profesores. En ese escenario, poco se habla de otro impacto de la crisis: la salud mental de los menores, que ya muestran, según testimonios de familias, señales de ansiedad y estrés acumulado.
Estudiar en medio de la crisis
Para una madre de Playa, en La Habana, el problema empieza incluso antes de que sus dos hijos vuelvan a sentarse en un aula. Según explicó a ADN Cuba bajo condición de anonimato, en su circuito hace más de tres meses no hay electricidad durante los horarios de sueño, una situación que, asegura, está afectando el descanso y el estado emocional de los niños y adolescentes.
“Veo a muchos niños y adolescentes en estados de ansiedad, caída del cabello. Amigos de mis hijos que, cuando conversan entre ellos, es preocupante, porque son síntomas de estrés crónico que tienen acumulado. Lo otro es la falta de alimentos y la inflación. Esto se refleja en su concentración y aprendizaje”, explicó la fuente.
Su testimonio resume una de las principales preocupaciones de las familias cubanas ante el regreso a las aulas: ¿cómo podrán sus hijos estudiar y rendir académicamente en medio de una crisis que dificulta incluso cubrir las necesidades más básicas del hogar?
Las familias cubanas ni siquiera pueden contar ya con el pan de libreta de abastecimiento para la merienda de los niños. Fuente: Mario J. Pentón/ Facebook.
“¿Alguna otra mami anda preocupada por el inicio del Curso Escolar?”, escribió en Facebook la habanera Gisselle Ordoñez, en una publicación que resume las inquietudes que enfrentan las familias ante el regreso a las aulas. “¿Cómo vamos a hacer? ¿Cómo vamos a lograr que los enanos tengan calidad de sueño para acudir a clases todos los días y asimilar conocimientos?”, preguntó.
Ordoñez también cuestionó cómo las familias podrán comprar “los útiles escolares, los zapatos, el uniforme de su talla, la merienda escolar, el refuerzo del almuerzo. “Se acerca septiembre y, yo no sé ustedes pero, al menos yo, ya siento ganas de cerrar los ojos y despertar en el Futuro, cuando Cuba esté en libertad”, concluyó.
La preocupación aparece también en grupos de madres cubanas en redes sociales. En “Ayuda a Madres Cubanas”, otra usuaria cuestionó “¿Cómo van a ir (a la escuela) cuando hay padres que no pueden pagar a diario un transporte en caso de que lo necesiten? ¿Cuando un par de tenis y una mochila cuesta un ojo de la cara y la mitad del otro?”, escribió.
Desde Guantánamo, también el opositor y padre Miguel Ángel Herrera, expresó a este medio que en la ciudad oriental, debido a tantas problemáticas diarias, “no se habla del nuevo curso escolar y hay un desabastecimiento general”.
Un sistema educativo que también pierde maestros
La falta de docentes no es un problema nuevo en Cuba, pero se ha agravado en los últimos años por la emigración masiva y por el abandono de puestos estatales en busca de empleos mejor remunerados en el sector privado u otras actividades económicas.
El déficit de maestros es una dificultad que el propio sistema educativo cubano arrastra desde hace décadas. Ya en 2016, las autoridades del régimen reconocían el completamiento de los claustros como una “asignatura pendiente” y planteaban como una de las alternativas trasladar profesores de otras provincias hacia La Habana para cubrir las plazas vacantes.
La creación de los llamados maestros emergentes y profesores generales integrales también formó parte de los intentos del régimen por solucionar una carencia que, lejos de desaparecer, se ha mantenido durante años.
En 2024, el oficialismo reconoció que el país contaba con unos 156.000 maestros y profesores, pero tenía una necesidad de alrededor de 24.000 docentes para completar las plantillas.
De cara al curso que comienza ahora, las cifras muestran que el problema persiste.
En Camagüey, solo estaría cubierto el 68,7 % de los maestros necesarios, lo que representa un déficit aproximado de 3.000 profesionales.
Naima Ariatne Trujillo, ministra de Educación, reconoció en Camagüey el déficit de maestros en la provincia. Foto: Radio Rebelde.
Una funcionaria de la Dirección Provincial de Educación de Camagüey, que habló con ADN Cuba bajo condición de anonimato por temor a represalias, confirmó que la provincia tampoco estaría en condiciones de comenzar el curso con normalidad.
“No hay materiales para que los docentes planifiquen sus clases: solo un lápiz. El municipio cabecera no cuenta con el combustible para la cocción de alimentos; aún no tiene situado en sus tiendas el uniforme escolar; continúa dando retoques a escuelas reparadas y pagadas a la brigada de trabajadores por cuenta propia”, explicó la trabajadora.
“Los padres redoblan esfuerzos, hay muchas carencias. Además, falta un número alto de docentes que buscan en otros espacios empleos con mejor remuneración para sustentar a sus familias”, concluyó la fuente.
El testimonio desde dentro del sistema contrasta con el discurso oficial sobre la preparación del nuevo período lectivo y muestra que el déficit de maestros no es la única dificultad que enfrentan las autoridades educativas de la provincia.
En Matanzas, de las 8.746 plazas docentes aprobadas, se encuentran cubiertas 6.635, por lo que la provincia mantiene una necesidad de 2.111 educadores.
En Holguín, las autoridades también reconocen entre las principales dificultades para el nuevo período el completamiento de la cobertura docente. Para enfrentar el déficit recurren a alternativas como la contratación de profesores por horas y la vinculación de estudiantes que todavía se encuentran en formación.
Estas soluciones permiten cubrir parcialmente las aulas, pero también muestran hasta qué punto el sistema depende de medidas extraordinarias para mantener en funcionamiento las escuelas.
El problema se relaciona además con el éxodo masivo de cubanos, que ha reducido la disponibilidad de profesionales en múltiples sectores, y con la salida de trabajadores de la Educación hacia actividades privadas o informales donde pueden obtener mayores ingresos.
A la cuestión de la cantidad, se suma también el de la calidad, ya que el bajo interés por las carreras pedagógicas ha provocado que muchas veces sean personas que no cumplen los requisitos básicos del magisterio los que asumen esta labor.
Docentes que tampoco cobran a tiempo
La crisis alcanza incluso a aquellos profesionales que han decidido permanecer frente a las aulas.
En los últimos días han trascendido denuncias en redes sociales sobre retrasos en el pago de salarios a trabajadores de Educación en varias provincias, entre ellas Santiago de Cuba; Jiguaní, Granma; Urbano Noris, Holguín y Ciego de Ávila.
Una denuncia difundida por la página Nio reportando un Crimen, atribuida a trabajadores de Jiguaní, asegura que algunos docentes llevan desde junio sin cobrar. Ante los reclamos de los profesores, la Dirección Municipal de Educación habría respondido que debían “aguantar” porque no existía presupuesto disponible.
Al mismo tiempo, los docentes habrían sido orientados a presentarse a las aulas esta semana para comenzar la preparación de los planes de clases, pese a que, de acuerdo con la denuncia, enfrentan también una marcada falta de materiales básicos como libretas, hojas y otros recursos necesarios para trabajar.
En Ciego de Ávila, profesores de la Escuela de Arte denunciaron que los salarios llegan sistemáticamente con retrasos de entre 20 y 25 días desde hace aproximadamente dos cursos.
Reducción del gasto estatal en educación
Más allá de las cifras oficiales, organizaciones independientes han advertido sobre el deterioro progresivo de las condiciones en las que funciona el sistema educativo cubano.
Para Leonardo Fernández Otaño, parte del equipo del Observatorio de Libertad Académica (OLA), “la situación del país es crítica en materia del sistema educativo. Por un lado tenemos que el Ministerio de Educación Superior plantea descentralizar el curso, lo cual nos preocupa debido a la complejidad del proceso. Nos preocupa además que muchas veces los niños sufren inasistencia por el tema de apagones y cómo se ha ido agudizando la incapacidad del Estado para garantizar el mínimo que pueda reforzar la excelencia del proceso docente-educativo”.
El deterioro de las escuelas y la falta de maestros ocurren además en un contexto de reducción de los recursos destinados al sector, coincidió Fernández Otaño.
Durante la crisis del Período Especial, en la década de los 90, Cuba llegó a dedicar entre 9,6 % y 6,2 % de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación. En 2024, esta cifra descendió al 4.3%
En 2023 y 2024, el Estado destinó a Educación solo el 1.4% y el 1%, respectivamente, del total de sus inversiones ejecutadas. La reducción de los recursos ocurre mientras el régimen cubano ha mantenido elevados niveles de inversión en infraestructura turística, especialmente en la construcción y mantenimiento de hoteles, pese a la profunda crisis económica que atraviesa la población.
Estructura de la ejecución de inversiones por actividad económica 2023-2024. Fuente: ADNCuba con datos de ONEI
Uniformes, zapatos y útiles: otro problema para las familias
A las dificultades estructurales del sistema se suma el costo que representa para los hogares preparar a un niño para regresar a clases. La venta de uniformes escolares continúa generando preocupación entre las familias, tanto por los retrasos y dificultades en la distribución como por el costo que representa adquirir las prendas.
En años anteriores, las propias autoridades reconocieron problemas para garantizar la disponibilidad de uniformes, asociados a dificultades para adquirir telas y a problemas de organización y planificación.
Fila en Guanabacoa, La Habana, para comprar los uniformes escolares vendidos por el Estado. Foto: 14ymedio
Pero el uniforme es solo una parte de los gastos. Las familias deben conseguir también zapatos, mochilas, libretas, lápices y otros materiales escolares, mientras los precios de esos productos se han incrementado muy por encima de la capacidad adquisitiva de buena parte de los hogares o se venden en tiendas en divisas a las que no puede acceder una parte de la población.
Para muchas madres y padres, el regreso a clases supone así un gasto adicional en medio de una crisis marcada por la inflación, la escasez de alimentos y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
Wilber Aguilar Bravo, quien tiene bajo su cuidado a varios nietos menores en Arroyo Naranjo, La Habana, expresó que las autoridades “no ponen las condiciones: no hay uniformes, no hay corriente, los niños no pueden dormir cómodamente”.
“Este curso antes de empezar ya es un fracaso. Para ir a estudiar los niños necesitan concentración, que no tienen, porque son de los que más mal la están pasando en estos días”, agregó Aguilar Bravo.
El problema tampoco termina dentro de las casas.
Años de falta de mantenimiento han dejado numerosas instalaciones educativas en condiciones deficientes, mientras en distintas localidades se han reportado problemas de infraestructura, mobiliario y saneamiento. A esto se suma la presencia de basureros y acumulaciones de desechos en las inmediaciones de centros escolares, una situación que representa un riesgo adicional para estudiantes y trabajadores.
Basurero cercano a la escuela primaria Ernesto Lucas en Camagüey. Fuente: José Luis Tan Estrada. Facebook.
El deterioro de las instalaciones forma parte de una degradación más amplia del sistema educativo cubano que ha sido documentada por el Observatorio de Libertad Académica (OLA).
En un informe publicado este año, la organización independiente analizó precisamente las condiciones actuales de la educación en la isla y advirtió sobre el deterioro de un sistema que enfrenta problemas económicos, materiales y de calidad de vida que terminan repercutiendo directamente sobre estudiantes y profesores.
“En los últimos cinco años, la educación en Cuba ha entrado en una fase crítica. La combinación de la crisis económica pospandemia, el fracaso de la Tarea Ordenamiento y el éxodo migratorio masivo han generado un escenario de violencia y deterioro ético sin precedentes”, añaden.
En otro hogar de la capital, esta vez en Habana Vieja, una madre también describió a ADN Cuba las dificultades que supone garantizar las condiciones mínimas para que su hijos menores puedan asistir a clases.
“Los niños no duermen bien en medio de los apagones, con calor. Nosotros tenemos que mover los colchones a la sala que es más fresca. Cuando llegue el ciclo escolar no pueden dormir hasta más tarde. Tampoco hay agua fría, no hay pan para sus desayunos o meriendas. Además, no todos podemos comprar todos los días el pan al precio que se vende”, explicó.
“La estabilidad, tan importante en el desarrollo de los niños, ahora no es posible. Mi hija menor me ha dicho que su vida ha cambiado desde que no hay corriente”.
Un nuevo curso, los mismos problemas y una crisis más profunda
El próximo 1 de septiembre, cientos de miles de niños y adolescentes volverán a las aulas cubanas. Pero detrás de las imágenes oficiales del comienzo del curso estarán también las familias que deberán lidiar con apagones, falta de agua, alimentos insuficientes, transporte caro, uniformes difíciles de conseguir, útiles escolares costosos y escuelas que arrastran años de deterioro.
Estarán también los profesores que deben comenzar el curso pese a los bajos salarios, los retrasos en los pagos y la falta de materiales para trabajar.
Y estarán los alumnos, sobre quienes recae finalmente el impacto de todas esas carencias, que hoy vuelven agudizadas, pero que llevan años repitiéndose cada septiembre.
Quizá la diferencia es que el problema llega hoy acrecentado por una crisis económica, política, social y de salud mental mucho más profunda, que afecta las condiciones en las que los niños comen, duermen, estudian y llegan cada mañana a sus escuelas.
Para madres como Gisselle Ordoñez, la llegada de septiembre no representa únicamente el regreso a clases. Representa, sobre todo, otra prueba de resistencia para las familias cubanas.
“¿Cómo vamos a hacer?”, cuestionó en su post de Facebook.
A pocos días del inicio del curso, esa sigue siendo una de las preguntas que más se repiten en los hogares de la isla.