"Cacharreros" o Joven Club: ¿Dónde arreglarías tu computadora en Cuba?
Algunos cubanos perefieren acudir a los llamados "cacharreros" para arreglar sus computadoras y equipos eléctricos, que a los talleres estatales o a los servicios de los Joven Club de Computación y Electrónica
"El Taco" en su taller de reparación en Cuba. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

Dioscórides Ruiz es escritor y hace poco se le rompió su laptop. Mientras buscaba la forma de arreglarla, no halló ningún taller del Estado que brindara ese servicio.

En el club de computación (Joven Club de Computación y Electrónica) me dijeron que ellos solo daban asistencia de programas y que si había que abrir el equipo, que no contara con ellos… Tuve que recurrir a un cacharrero, y ya tengo mi laptop al cien”— comentó a ADN CUBA.

Carlos Guilarte, un residente de Romerillo, también tuvo problemas con su PC, que, según cuenta, es su única fuente de entretenimiento. El sistema operativo se le había dañado y solicitó el servicio de reparación a los técnicos de Joven Club.

Me hicieron un contrato y pagué la visita del técnico por adelantado. Tuve que esperar  cuatro días y cuando apareció, venía apurado y con mala cara. Dijo que al reinstalar el Sistema Operativo perdería toda la información de la máquina, porque el disco no estaba compartimentado, asegura.

Carlos dejó hace tiempo de confiar en los técnicos del sector estatal, porque según él, trabajan sin deseos, ni motivación, y casi nunca tienen recursos. Además, “están igual que el resto de los cubanos, en la supervivencia, o te roban o no hacen el trabajo bien.

Siempre te dejan insatisfecho. Creo que la causa fundamental son los bajos salarios, por eso no se esmeran en dar un servicio de óptima calidad y les importa un pito la opinión del cliente. Cuando el técnico del Club me dijo que perdería cientos de fotos, y fotos familiares y mis películas, casi me da una cosa. Y le dije que no.

 

 

Me hablaron entonces de los “cacharreros”, que son los que arreglan computadoras en talleres en sus casas, y fui a ver uno, que le dicen ´el Taco´, un genio natural que no estudió en  la UCI, ni en ninguna escuela de computación, pero se la sabe todas. Al contarle mi historia se echó a reír, me dijo que no se perdía nada. Que existen programas para salvar la información y que los muchachos del Club no saben ni dónde están parados”.

“El Taco” tiene el taller en un cuarto de su casa, repleto de accesorios y restos de viejos equipos que recicla para sus reparaciones. Además de salvarle la información, le dio mantenimiento a la PC, extrajo la humedad y reparó el teclado. También le instaló un antivirus, porque según dijo: “el antivirus de Joven Club es cubano y no mata ni a las moscas”.

A casa del Taco venían otros cacharreros en busca de consejos para resolver problemas en los equipos que estaban arreglando, o para que les diera piezas de repuesto. Me asombró la facilidad para sustituir piezas con otros elementos, o cuando instalaba programas a la cañona, o inventaba atajos para llegar a una información de manera más fácil”— recuerda Guilarte.

"El Taco" en su taller de reparación en Cuba. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA
"El Taco" en su taller de reparación en Cuba. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

Mientras esperaba el proceso de instalación del sistema operativo, el Taco trabajó en un sistema de alarma que podía monitorear todo el taller a través del teléfono y “en menos de lo que canta un gallo” arregló una reproductora de música, una secadora de pelo y construyó un mini amplificador para  aumentar el sonido de una PC.

Guilarte le preguntó al cacharrero dónde había estudiado y le dijo que “en ninguna parte”:

Aprendí solo, desde muchacho. Mi primera PC fue una AT-486 y ¿sabes cómo la conseguí? En el basurero municipal, donde trabajaba mi tío, que conocía mi afición por las computadoras y un día vio cómo botaban un camión de monitores, teclados y torres. Aquel fue el día más grande de mi vida. En ese lote también botaron varias Pentium 3, que era lo más avanzado del momento, pero mi tío ignoraba eso. Así comencé a ‘cacharrear’. Luego aprendí programas. Tengo programas de todo tipo, que los del Joven Club de Computación ni siquiera imaginan que existen. Y aquí arreglo de todo, siempre que trabaje con corriente eléctrica”.