“Cuba a la carta”: Historia de la Isla contada con humor

El poeta y humorista cubano Ramón Fernández-Larrea presentará en la próxima Feria del Libro de Miami (del 17 al 24 de noviembre) un libro singular: Cuba a la carta, publicado por Hypermedia Ediciones, que reúne cartas en tono humorístico dirigidas a personalidades, lugares, hechos y personajes populares de la Historia cubana, que aparecieron durante cinco años en el portal Encuentro en la red.

El autor ha hecho llegar a la redacción de ADN CUBA el texto que abre el libro, cuya portada fue realizada por el caricaturista e ilustrador Alberto Morales Ajubel, y lleva, además, un simpático prólogo del escritor y humorista Enrisco donde, entre otras cosas, dice:  Ramón Fernández-Larrea decidió reinventarse el humor. Reírse de cosas de las que los cubanos no estábamos acostumbrados a burlarnos. Al menos no en público y suscribiendo la burla. Y entre las tantas cosas a las que los cubanos no estábamos acostumbrados a burlarnos estaban la Historia y la Cultura cubanas. Con Mayúsculas. En parte porque, en general, los cubanos no tenemos mucha idea de nuestro pasado o nuestra cultura. Tres o cuatro nombres, un par de fechas y para de contar. En parte porque los chistecitos nos pueden costar la cárcel.


Cubierta del Libro "Cuba a la carta" de Ramón Fernández-Larrea. /Foto: Cortesía
Cubierta del Libro "Cuba a la carta" de Ramón Fernández-Larrea. /Foto: Cortesía

CÓMO INVENTÉ LA ISLA DE CUBA

En el verano de 1995 salí de Cuba rumbo a España. Llovía. Se terminaba el mes de junio, y en la isla, el llamado “período especial” parecía no tener fin. Cuando aterricé había escampado, no había período especial ni apagones. Tampoco pasta de oca.

Después de unos días en Madrid, y por invitación de dos grandes amigos, volé a Tenerife, Islas Canarias, y allí tuve dos decepciones sucesivas y demoledoras: la primera, fue descubrir que lo que había hecho era simplemente cambiar de isla, de una grande a otra más pequeña. Comprendí literalmente qué significaba “cambiar la vaca por la chiva”. Tenerife se recorría completa dándole una vuelta a la manzana.

Y esa fue mi segunda decepción: cuando terminé de dar la vuelta a la manzana me di de bruces con un grafitti  de algún independentista isleño que decía: “Canarias no es España”.

Mareado por el descubrimiento y por haberle dado la vuelta a la manzana con tanta rapidez, me senté a pensar, destruido, conmovido y confundido, preguntándome: ¿Y entonces dónde coño estoy?

Lejos de todo, con la isla de Cuba desdibujándose en la memoria, y tal vez porque en aquellas islas jamás llovía, comencé a parecerme a la novela que se me ocurrió escribir. Se titulaba “Los pedazos de Dios”, y contaba la historia de un empresario canario venido a menos, bastante crédulo, necesitado de un triunfo económico urgente, que encontraba en un bar a un listo exiliado cubano que le vendía la idea de encontrar los pedazos de Dios para armarlo y producirlo a nivel industrial.

Más allá del argumento disparatado había una razón humana: el protagonista se parecía demasiado a mí.

En las noches de alcoholes y nostalgias escribía cartas a personas, lugares y cosas de su país, y así iba inventando una Cuba distinta donde parecía –parecíamos- vivir sin demasiados problemas, volando sobre el humor y la historia. Una historia distinta a la que habían empezado a contar y a transformar, a ocultar y distorsionar los que se habían adueñado de su país real, y que le obligaron a vivir desde entonces en ese otro país ideal que se fue haciendo el único posible: el de la desacralización y la risa.

Cuando mi amigo Jesús Días buscaba contenidos para su proyecto Cubaencuentro, portal electrónico de la revista Encuentro de la cultura cubana, me propuso que escribiera una columna de humor.

Ya era Barcelona, esa ciudad que también había inventado para mí, pero que existía a pesar de todas mis irrealidades. Mi esposa Magdalena, tan alta y tan clara, me dijo de manera clara y alta que no me rompiera la cabeza (ella se ocupaba usualmente de hacerlo), porque las columnas que me habían pedido eran, precisamente, las cartas que escribía aquel hombre que en el fondo era yo, que de tan alejado de Cuba decidió inventarla, y escribir a las cosas que recordaba y otras que estudiaba para aprenderlas y aprehenderlas y no depender, de esa manera, de mesías enloquecidos, gobernantes egocéntricos, próceres entumecidos y toda la caterva de hijos de puta que se creen, de pronto, dueños de una isla, de un concepto de país, de tu vida e, incluso, de tu pasado y tu porvenir.

Así que, me di a la tarea (ya me había dado a la bebida desde antes, pero la dejé) de inventarme un país, que resultó ser el país que llevo desde entonces a todas partes, porque yo, como José Martí, declaro, con humor y muy seriamente mi libertad con aquellos versos suyos que dicen: “Yo vengo de todas partes/ y hacia todas partes voy”.

Y en la mochila y las tripas, ese país que parí, conocí, inventé y ahora les brindo a ustedes.

He dicho.

Cuba a la carta, de Ramón Fernández-Larrea, ya está disponible en Amazon.

La presentación de libro será el sábado 23 de noviembre, de 2:30 pm a 3:45 pm en el Salón 8525: Palabras para recrear el mundo, a cargo de José Fernández Pequeño, José Prats Sariol y Ramón Fernández-Larrea.

Entre lo más destacado del evento se encuentra el Festival de Autores, “con más de 450 autores que leen y discuten su trabajo, incluidos los autores latinoamericanos”.

Asimismo, la Feria presenta y vende libros de más de 250 editoriales, incluyendo “primeras ediciones firmadas, manuscritos originales y otros artículos de colección”.