El exsoldado ucraniano de origen cubano Khuan Alberto Leyva Garsiya, de 28 años, denunció esta semana ante Naciones Unidas los abusos que sufrió durante los más de tres años que permaneció como prisionero de guerra del Ejército ruso, después de ser capturado durante la invasión de Ucrania.
"Fui maltratado no solo por ser ucraniano, sino por ser mitad cubano", afirmó Leyva Garsiya durante una sesión de la ONU dedicada a las violaciones de derechos humanos cometidas durante la guerra.
El joven, hijo de madre ucraniana y padre cubano, aseguró que sus vínculos con la isla provocaron una reacción particularmente hostil de sus captores.
"Fue muy difícil para mí porque los rusos estaban indignados al ver a alguien conectado con Cuba, (país) al que perciben como aliado, luchando contra su ejército de ocupación", relató.
Leyva Garsiya describió su cautiverio como una experiencia marcada por torturas y malos tratos extremos.
"Fui torturado y, si se preguntan a qué escala: a la mayor escala posible", afirmó. Entre los abusos que denunció mencionó violencia sexual y exposición a temperaturas extremadamente bajas.
El exprisionero mostró durante su intervención una fotografía de cuando recuperó la libertad y explicó que en ese momento pesaba apenas 55 kilogramos.
"Fui afortunado para sobrevivir, no le pasó igual a varios de mis compañeros", dijo.
Según su testimonio, cuatro compañeros de cautiverio murieron mientras permanecían bajo custodia rusa. Dos de ellos, afirmó, fueron golpeados hasta morir, mientras que los otros dos fallecieron debido a las pésimas condiciones de la prisión.
Las denuncias de Leyva Garsiya se producen en momentos en que Naciones Unidas ha documentado graves abusos contra prisioneros de guerra ucranianos. La ONU estima que más de 16.000 civiles ucranianos continúan detenidos por Rusia y ha documentado torturas, violencia sexual y otras formas de maltrato. Según datos presentados esta semana, más del 95 % de los prisioneros de guerra ucranianos entrevistados por Naciones Unidas denunciaron haber sufrido torturas o malos tratos durante su cautiverio.
Leyva Garsiya fue capturado por las fuerzas rusas después de incorporarse al Ejército ucraniano en febrero de 2022, cuando Rusia inició la invasión a gran escala de Ucrania.
Su liberación se produjo el 14 de agosto de 2025, como parte de un intercambio de prisioneros entre Kiev y Moscú. Ese día, el Kremlin entregó a Ucrania 33 militares y 51 civiles, según informó entonces su madre, Laritza, después de recibir una llamada telefónica de su hijo.
Cuba y Rusia: una alianza que llega hasta la guerra de Ucrania
El testimonio de Leyva Garsiya adquiere especial relevancia por sus vínculos familiares con Cuba, un país que mantiene una estrecha alianza política con Moscú y que, desde el inicio de la invasión, ha evitado condenar directamente a Rusia por la agresión contra Ucrania.
La relación entre ambos gobiernos se ha profundizado en los últimos años, mientras La Habana ha respaldado políticamente a Moscú y Rusia ha incrementado su apoyo económico, financiero y energético a Cuba.
La cercanía entre ambos gobiernos también ha quedado vinculada al reclutamiento de cubanos para combatir del lado ruso en Ucrania.
En octubre de 2025, Reuters informó que el Departamento de Estado estadounidense estimaba que entre 1.000 y 5.000 cubanos podían estar combatiendo junto a las fuerzas rusas. Washington acusó entonces a La Habana de no proteger a sus ciudadanos de ser utilizados en la guerra.
La controversia sobre los cubanos que combaten en Ucrania llegó incluso a Naciones Unidas. En octubre de 2025, Estados Unidos utilizó los reportes sobre la participación de ciudadanos cubanos en las fuerzas rusas como uno de los argumentos de su campaña diplomática contra La Habana antes de la votación anual sobre el embargo estadounidense.
El caso de Leyva Garsiya expone una dimensión menos visible de la relación entre La Habana y Moscú: mientras los gobiernos mantienen estrechos vínculos políticos, ciudadanos de origen cubano han terminado en bandos opuestos de la guerra.
En septiembre de 2025, autoridades de inteligencia ucranianas llegaron a estimar que hasta 20.000 cubanos podían haber sido reclutados por Rusia desde el inicio de la invasión, aunque esa cifra es muy superior a otras estimaciones y no ha sido verificada de manera independiente.
En este contexto, el testimonio de Leyva Garsiya introduce una paradoja particularmente dolorosa: un cubano que decidió combatir por Ucrania terminó siendo torturado, según su denuncia, precisamente por sus vínculos con una isla que Moscú considera aliada.
Su relato ante Naciones Unidas se suma así a las denuncias internacionales sobre el tratamiento de los prisioneros ucranianos y vuelve a poner bajo escrutinio la estrecha relación política entre Cuba y Rusia en el contexto de la guerra.