El preso común cubano Reinier Ramiro Gómez, diagnosticado con tuberculosis, quedó en una situación de extrema vulnerabilidad después de ser excarcelado mediante una licencia extrapenal y permanecer desde hace cuatro días en las calles de San José de las Lajas, Mayabeque, sin recibir atención médica, según denunció en redes sociales el activista cubano José Díaz Silva.
Gómez se encontraba recluido en la prisión de Melena del Sur, en Mayabeque, hasta que fue trasladado al Hospital de San José de las Lajas debido a su enfermedad.
Según su propio testimonio, difundido por Díaz Silva, posteriormente las autoridades le concedieron una licencia extrapenal y quedó fuera del sistema penitenciario.
El hombre denunció que otros reclusos que también habían dado positivo a tuberculosis fueron trasladados desde ese centro hospitalario hasta el Hospital del Combinado del Este, en La Habana, mientras que él no recibió ese traslado.
La situación se agravó después de que las autoridades le concedieran la licencia extrapenal. De acuerdo con su testimonio, al dejar de ser considerado preso y pasar a tener la condición de civil, fue expulsado de la Sala de Penados del hospital.
“Me dieron una extrapenal sabiendo que yo no tengo familia ni lugar estable”, afirmó Gómez.
Actualmente permanece en las calles de San José de las Lajas sin atención médica y sin un lugar estable donde permanecer, pese a padecer tuberculosis.
Gómez aseguró además que intentó ingresar por la vía civil en el Hospital de San José de las Lajas, pero tampoco fue admitido.
El caso vuelve a poner bajo el foco la situación de los presos enfermos en Cuba y el uso de las llamadas licencias extrapenales para salvar responsabilidades de las autoridades penitenciarias en caso de muerte.
Familiares, activistas y organizaciones de derechos humanos han denunciado en reiteradas ocasiones que estas medidas pueden aplicarse cuando el estado de salud de los presos se encuentra ya gravemente deteriorado. En casos extremos, los reclusos terminan falleciendo poco después de ser enviados fuera de prisión.
Uno de los casos más recientes fue el del preso político del 11J Luis Miguel Oña Jiménez, quien murió en febrero de 2026, a los 27 años, pocos días después de recibir una licencia extrapenal.
Oña Jiménez sufrió una isquemia mientras se encontraba recluido en la prisión Cuba-Panamá, en Mayabeque, que le provocó parálisis en varias partes del cuerpo. Tras no recibir la atención médica adecuada en el penal, fue trasladado al Hospital Julio Trigo, en La Habana, y posteriormente enviado a su vivienda bajo licencia extrapenal, donde falleció poco después.
Prisoners Defenders documentó su muerte y denunció las condiciones de salud que había enfrentado durante su encarcelamiento.
Organizaciones independientes han cuestionado el uso de esta figura en casos en los que los presos presentan enfermedades graves, al considerar que puede permitir a las autoridades penitenciarias desvincularse de su responsabilidad cuando el estado de salud del recluso se deteriora de forma irreversible.
La denuncia de Gómez plantea nuevamente interrogantes sobre qué ocurre con los presos enfermos cuando reciben una licencia extrapenal pero carecen de familiares, vivienda o recursos para continuar sus tratamientos fuera del sistema penitenciario.
En su caso, además, la enfermedad que padece requiere atención médica, mientras que, según su propio testimonio, ni el sistema penitenciario ni el hospital donde fue atendido se estarían haciendo cargo de su situación.
La denuncia, publicada en redes sociales por José Díaz Silva, deja así a Gómez en una especie de vacío: ya no es considerado un recluso por las autoridades hospitalarias, pero tampoco cuenta, según afirma, con las condiciones mínimas para afrontar fuera de prisión una enfermedad como la tuberculosis.