El Regreso: ópera prima de Blanca Rosa Blanco
Esta es la primera vez que una mujer protagoniza, escribe y dirige una película en Cuba.
El Regreso: ópera prima de Blanca Rosa Blanco

 

El regreso fue una de las películas más seguida por los espectadores cubanos en el pasado 40 Festival de Cine de la Habana. Exhibida fuera de concurso en el apartado A Sala Llena, el filme generó una expectativa que colmó cada presentación que la película tuvo en dicho certamen. Esta es la primera vez que una mujer protagoniza, escribe y dirige una película en Cuba.

El filme cuenta con la codirección de Alberto Luberta Martínez, quien también escribió junto a Blanca Rosa Blanco el guión de este thriller, que coquetea con el suspenso a lo largo de toda la trama.

Basado en testimonios reales, el policíaco persigue recuperar el deseo de los espectadores por asistir a las salas de cine y sobre todo poner el dedo en la llaga en la violencia a la que son sometidas muchas mujeres en la actualidad, que prefieren callar, por miedo a futuras represalias, o a sentir que sobre ellas siempre aparecerá el fantasma de haber sido victimizadas.

El filme narra la historia de Patricia, una detective que recibe la noticia del fallecimiento de Mariano, quien había sido acusado injustamente y cuando viaja a comunicar lo sucedido a la familia, se involucra más de lo esperado en la trama: encontrar al culpable se convierte en su principal objetivo.

Durante una década la actriz vistió el uniforme de la mayor Mónica en la popular serie televisiva Tras la Huella, personaje que retoma con otro nombre en el filme, pero que en esencia sigue los mismos patrones de su personaje en la televisión, que le ganara el afecto y la popularidad de espectadores ávidos por el policíaco, género que ha sido prácticamente obviado por nuestra cinematografía.

El regreso

El regreso narra una historia con los golpes de efecto del policíaco tradicional. Una saga de mujeres jóvenes violadas será motivo suficiente para que esta investigadora decida reabrir el caso y probar la inocencia de un hombre que pasó sus últimos quince años de vida en prisión olvidado por todos (familia incluida), así como el remordimiento que ella siente por no haber sido capaz de hacer justicia en el pasado y condenar al verdadero culpable de los hechos.

Narrado con una estructura dramática sin complejidad en la concepción de la historia, diríamos que aquí el espectador encontrará todo lo que el género demanda: intrigas, falsas pistas, enfrentamientos de contrarios, persecuciones y la consabida historia amorosa del pasado entre la investigadora y el capitán Ubaldo, un joven apuesto que no ocultará sus dotes de conquistador y tratará de seducir en todo momento a su ex amante.

 

¿Qué más podríamos pedirle a una historia como esta, vista tantas veces en las cinematografías de cualquier continente? Pues podríamos pedirle profundidad conceptual y no quedarse en la denuncia en sí misma, aunque es notorio reconocer que uno de los mayores aciertos del filme es visibilizar un conflicto con el que convivimos a diario, más explícito o más sutil, pero violencia, a fin de cuentas, que ha sido legitimado por siglos de dominación patriarcal y el consenso de mujeres que prefieren el silencio, o que sienten que nacieron para cumplir el rol de sumisión que le legaron esos patrones sociales arcaicos.

En El regreso todo es predecible, aunque se trate de jugar con pistas falsas a lo largo del metraje. Un profesor adorado por la comunidad, profesor ejemplar de una escuela de música,  es el hombre que antaño fue absuelto por la justicia por falta de pruebas contundentes.

Máximo ha vivido desde hace quince años una doble vida, siendo apoyado por una mujer sumisa, de aspecto ajado y que en la historia se nos presenta como una víctima más, sólo que ella lo protege porque siente que ese es su deber de esposa obediente, que cumple un rol asignado, debe callar y cuidar a su familia de ese pasado cruel que les convirtió en centro de las miradas de todos.

La manera de concebir los personajes como malos y buenos, es en El regreso de un maniqueísmo risible. Máximo parece culpable desde el primer momento que aparece en pantalla, el diseño de su personaje está carente de una hondura sicológica que nos permita comprender a este supuesto hombre letrado y profesor ejemplar.

La actuación de Rafael Lahera es tan poco convincente que sentimos en cada momento su culpabilidad por las diferentes poses con que encarna a su personaje, asustado, escapando a cada momento, o con cara de malo, sin que ello nos haga saber en esencia quién es este hombre oscuro, que se oculta en el sótano de su casa rodeado de libros y las pertenencias de sus supuestas víctimas.

El filme no elude los lugares comunes, las vistas hermosas de la ciudad; los lugares de encuentro de los detectives enamorados, lugares que nos venden a una ciudad como postal turística, pero que nada aportan al desarrollo dramatúrgico de la historia narrada.

Una vez más el cine cubano apuesta por una historia lineal y nada rica en matices. No bastan la denuncia y los testimonios de las mujeres violentadas para hacer de El regreso una película atendible, más allá de la denuncia por la denuncia, que eso sí, logra al menos poner el dedo en la llaga en un tema controversial de la realidad del mundo contemporáneo en el que vivimos, y en una realidad nuestra que de alguna manera también ha silenciado dicho conflicto, no haciendo visible lo que debería.

Pudiéramos destacar del filme la banda sonora de David Blanco, quien aparece en la película con su grupo en un momento donde se hace visible una de las subtramas de la historia. La golpiza de un ex novio violento a una supuesta jinetera o mujer que trabaja en diferentes casas de doméstica, (no queda claro quién es ella), porque en esta historia pocas cosas tienen una justificación dramatúrgica, más allá de ser mero telón de fondo gratuito para resolver de golpe la historia entre Patricia y Máximo, quienes hacia el final de la película resuelven sus conflictos al modo del más puro enfrentamiento del western americano.

El regreso pretendió entretener y denunciar, opino que logró ambos, sólo el buen cine es más que entretenimiento y denuncia social. Las actuaciones tampoco fueron del todo convincentes: ni la propia Blanca Rosa Blanco pudo desprenderse de su antiguo personaje de Tras la Huella, aquí una proyección más del personaje televisivo. Destacar a la joven actriz Yaité Ruiz, quien aportó algún que otro matiz a su personaje, que en esencia tampoco supimos quién era en verdad.

Es El regreso una película cubana más,  que como ópera prima resultó fallida, porque narrar desde el thriller y el suspenso no le garantiza a ningún realizador un resultado estético loable, le garantiza eso sí, audiencia ávida de historias como estas, pero a la postre solo quedará la huella de una historia que tuvo material testimonial suficiente para construir otra historia, solo que la que se narró  prefirió el camino más trillado y convencional, apostar al éxito seguro de una taquilla que de antemano estaba garantizada por ser su directora y guionista una actriz popular, carismática, y, a no dudarlo, buena actriz; pero la dirección y el buen cine requieren de muchísimo más para trascender.