La crisis económica de Cuba no ha impedido que el régimen de La Habana conserve un valor estratégico para sus principales aliados y adversarios de Estados Unidos. Por el contrario, un análisis publicado esta semana en The Hill advierte que la creciente presencia de China en la isla podría convertir al territorio cubano en una plataforma de inteligencia y apoyo para Pekín a apenas 90 millas de las costas estadounidenses.
El artículo retoma el informe del Departamento de Estado de julio titulado Cuba: The Capital of 21st Century Communism que describe a la isla como el lugar donde “convergen las ambiciones de Moscú, Pekín y Teherán” y como un “multiplicador de fuerza” para una coalición contraria a Estados Unidos. El documento, de 100 páginas, fue publicado el 20 de julio.
Uno de los aspectos que destaca The Hill es la actividad de inteligencia china en territorio cubano. Según el informe del Departamento de Estado citado por el medio, Pekín “gestiona activamente tres de las 18 ubicaciones conocidas de inteligencia de señales en Cuba”.
El análisis también recoge la valoración de R. Evan Ellis, investigador del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos especializado en las relaciones de China con América Latina y otros actores extrarregionales. Ellis considera que la presencia china en materia de inteligencia en la isla podría remontarse incluso a 1993, varios años antes de la visita a Cuba del entonces ministro de Defensa chino, el general Chi Haotian, en 1999.
De acuerdo con Ellis, Pekín estaría atento a cualquier eventual acción militar estadounidense en Cuba y probablemente conservaría sus instalaciones de inteligencia electrónica y de señales mientras pueda hacerlo.
Presionar a China sin llegar a una guerra
El artículo plantea entonces una pregunta central: ¿cómo podría Estados Unidos obligar a China a abandonar o reducir su presencia estratégica en Cuba?
Blaine Holt, general retirado de la Fuerza Aérea estadounidense y exasesor militar adjunto de Washington ante la OTAN, propone utilizar medidas de presión por debajo del umbral de una confrontación militar directa.
“Podemos hacerle a los chinos en Cuba lo que ellos nos hacen a nosotros en el Mar de China Meridional: tomar medidas justo por debajo del umbral de la guerra”, afirmó Holt, según The Hill.
Entre las medidas sugeridas se encuentra restringir los vuelos de entrada y salida de la isla para dificultar el sostenimiento del personal chino en Cuba.
La propuesta refleja una preocupación más amplia en Washington: que la profunda crisis económica del régimen cubano no necesariamente reduzca su importancia geopolítica. En cambio, la debilidad de La Habana podría aumentar su dependencia de potencias dispuestas a sostenerla a cambio de acceso estratégico.
AFPI pide convertir a Cuba en un “frente central”
El debate coincide con un nuevo informe publicado el 19 de agosto por el America First Policy Institute (AFPI), titulado The Dictatorship Next Door: Cuba and the Fight for the Western Hemisphere.
El documento sostiene que Estados Unidos no puede seguir tratando a Cuba como un asunto diplomático periférico y plantea que el régimen de La Habana debe ser considerado un desafío estratégico para la seguridad nacional estadounidense.
Según AFPI, mientras se profundiza la crisis económica y política de la isla, Cuba continúa funcionando como una plataforma para adversarios de Washington y como una fuente de inestabilidad regional debido, entre otros factores, a sus vínculos con China, Rusia, Irán y otros gobiernos considerados hostiles a Estados Unidos.
El instituto sostiene además que La Habana ha mantenido durante décadas una política de acercamiento con gobiernos y movimientos contrarios a Washington y que esa estrategia adquiere una nueva dimensión debido al creciente vínculo con Pekín, Moscú y Teherán.
Por ello, AFPI recomienda que la Administración de Donald Trump convierta a Cuba en un “frente central” de su estrategia para recuperar la primacía estadounidense en el hemisferio occidental.
Entre sus propuestas figura precisamente cerrar las instalaciones de espionaje chinas en Cuba y terminar la cooperación militar rusa, además de establecer una presencia estadounidense permanente en el Caribe para reforzar las capacidades de inteligencia, vigilancia y respuesta de Washington en la región.
El informe de AFPI parte de una premisa similar a la planteada por The Hill: aunque Cuba atraviesa una de las peores crisis económicas de su historia reciente, el deterioro interno no elimina su valor estratégico para las potencias que compiten con Estados Unidos.
La discusión, por tanto, comienza a desplazarse en Washington desde la pregunta de cómo presionar económicamente al régimen cubano hacia otra de mayor alcance geopolítico: cómo impedir que la supervivencia de La Habana siga dependiendo de adversarios de Estados Unidos y que la isla sea utilizada como plataforma de inteligencia, influencia y proyección estratégica en el Caribe.