El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, recibió recientemente en Washington a Mike Hammer, encargado de negocios de la Embajada estadounidense en La Habana, para analizar la situación actual de Cuba y los esfuerzos de Washington para hacer llegar asistencia humanitaria a la población de la isla.

Ambos funcionarios conversaron sobre “la situación actual en Cuba y nuestros esfuerzos para hacer llegar 100 millones de dólares en asistencia humanitaria a través de Cáritas y otras organizaciones fiables, así como sobre nuestro apoyo a las aspiraciones del pueblo cubano de vivir en libertad y con dignidad”, según informó la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

El encuentro tuvo lugar el 31 de agosto en Washington, mientras la administración de Donald Trump mantiene una política de fuerte presión sobre el régimen de Miguel Díaz-Canel.

No es la primera vez que Hammer y Rubio se reúnen para abordar la situación cubana.

En enero pasado, el jefe de la misión diplomática estadounidense en La Habana se reunió con Rubio en su oficina en la Casa Blanca. De acuerdo con la información difundida entonces por la Embajada estadounidense, ambos analizaron la situación de Cuba y reafirmaron el respaldo de Washington al pueblo cubano.

Posteriormente, en mayo, Hammer participó junto a Rubio y el comandante del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis Donovan, en una reunión de jefes de misión para el hemisferio occidental celebrada en la sede del SOUTHCOM, en Doral, Florida. La Embajada estadounidense informó que durante el encuentro Rubio y Donovan abordaron las prioridades de Washington para la región.

EEUU ya comenzó a enviar la ayuda

La reunión ocurre poco más de un mes después de que Estados Unidos comenzara a ejecutar el nuevo programa de asistencia humanitaria anunciado por Rubio, con un compromiso de hasta 100 millones de dólares para ayudar directamente a los cubanos.

El primer vuelo de esta nueva fase de ayuda partió de Miami el 21 de julio con alimentos y productos de higiene destinados a unas 700 familias. La carga fue enviada por Catholic Relief Services (CRS), en colaboración con la Iglesia Católica y Cáritas Cuba, bajo un mecanismo diseñado para que los suministros sean entregados directamente a los beneficiarios y no queden bajo control del régimen.

El programa comenzó a ampliarse rápidamente. El 21 de julio, Catholic Relief Services anunció que recibió una asignación de 60 millones de dólares del Departamento de Estado para ampliar la asistencia a familias vulnerables en toda Cuba. Según CRS, los fondos permitirán entregar alimentos y artículos de higiene a cerca de 200.000 hogares —más de medio millón de personas—, además de artículos esenciales para otros 7.000 beneficiarios.

La ayuda ya comenzó a distribuirse dentro de la isla. Cáritas Cuba informó que los primeros módulos financiados por Estados Unidos fueron entregados a familias de Bejucal, en Mayabeque, y Alquízar, en Artemisa. Los paquetes incluyen alimentos como arroz, frijoles, aceite, azúcar, pasta, sardinas y atún, además de productos de higiene y artículos básicos para el hogar.

El propio Hammer ha realizado visitas a lugares donde se distribuye la asistencia. En agosto estuvo en Alquízar para comprobar personalmente la entrega de alimentos, productos de higiene y otros artículos a familias vulnerables.

La administración estadounidense ha insistido en que el programa pretende que la ayuda llegue directamente a la población y no sea administrada por instituciones oficiales cubanas.

En el anuncio del primer vuelo, el Departamento de Estado afirmó que la entrega directa mediante representantes de parroquias locales busca evitar que la asistencia sea desviada o robada por el régimen.

La estrategia se apoya en la experiencia previa de CRS y Cáritas Cuba, que ya habían canalizado unos nueve millones de dólares en asistencia directa a la isla tras el huracán Melissa.

El nuevo programa representa, por tanto, una de las principales vías mediante las cuales Washington intenta asistir a los cubanos mientras mantiene al régimen de La Habana al margen de la distribución de los recursos.

El encuentro entre Rubio y Hammer se produce en este contexto: por un lado, Washington mantiene su presión política sobre el gobierno cubano; por otro, amplía los mecanismos de asistencia directa a una población golpeada por la escasez de alimentos, combustible, medicinas y servicios básicos.

Para el gobierno estadounidense, la ayuda forma parte de una política dirigida a apoyar directamente al pueblo cubano y sus aspiraciones de vivir “en libertad y con dignidad”, al tiempo que evita que los recursos destinados a aliviar la crisis terminen bajo control del aparato oficialista.