El cine cubano tendrá un protagonismo especial en la octava edición del Festival Internacional de Cine por la Democracia (FICD), que se celebrará del 26 al 30 de octubre de 2026 en Colombia. De las 15 películas seleccionadas, seis están vinculadas a Cuba, lo que representa el 40 % de la programación de un evento dedicado a promover la reflexión sobre la libertad, los derechos humanos y los desafíos de la democracia.

La selección incluye Plantadas, de Lilo y Camilo Vilaplana; Crónicas del absurdo y Corazón azul, de Miguel Coyula; 100 años juntos, de Enrique Rottenberg; Libres por derecho, de Kirenia Yalit Núñez Pérez y Helman Avellé; y Patria y vida, de la cineasta y artista española Beatriz Luengo.

La amplia representación cubana no es casual. El festival tiene sus raíces en una iniciativa surgida en Bogotá en 2019 para dar espacio al cine independiente de la isla y cuestionar las narrativas oficiales sobre los regímenes autoritarios.

En declaraciones a ADN Cuba, Ángela Mariottiz, coordinadora del festival, explicó que el proyecto nació después de un episodio ocurrido ese año durante una proyección de Nadie, del director cubano Miguel Coyula, en la Cinemateca de Bogotá, como parte del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos.

Según relató, un espectador comenzó a gritarle repetidamente "gusano" al realizador, hasta provocar lo que describió como un acto de repudio contra el cineasta. "Pasó en nuestra propia ciudad, en un festival dedicado precisamente a los derechos humanos", recordó.

Para Mariottiz, aquel incidente evidenció la necesidad de crear espacios donde se pudiera debatir sobre la realidad cubana sin los prejuicios ideológicos que, a su juicio, todavía persisten en determinados sectores académicos e institucionales colombianos.

"Muchos, sencillamente, no lo saben o no lo entienden. Y eso tiene que ver con los dogmas que existen, sobre todo en las instituciones en Colombia, que siguen romantizando la Revolución", afirmó.

De aquella experiencia surgió la primera semana de cine cubano, que con los años evolucionó hasta convertirse en el actual Festival Internacional de Cine por la Democracia, abierto a producciones de diferentes países y perspectivas.

Cuba, protagonista de una programación sobre libertad y memoria

La octava edición reunirá películas de Argentina, Chile, Venezuela, Colombia, España y otros países, con historias que abordan la represión, las dictaduras, la justicia y las consecuencias de la pérdida de libertades.

Mariottiz explicó que la selección responde a tres criterios fundamentales: que las películas aborden problemas reales de sus sociedades, den voz a personas silenciadas o recuperen memorias históricas, y tengan la capacidad de conectar con el público.

"Cuando una película reúne esas tres cosas, abre exactamente la conversación que queremos tener sobre democracia y derechos humanos", señaló.

La coordinadora confirmó que Plantadas, de Lilo y Camilo Vilaplana, será la película encargada de abrir el festival.

"Nos parece importante empezar recordando que la represión en Cuba no comenzó ayer, y hacerlo desde la voz de mujeres que resistieron y cuya historia casi nadie conoce", explicó.

Sobre el resto de la selección cubana, destacó que Libres por derecho recupera las experiencias de familiares de presos políticos de las protestas del 11 de julio de 2021, mientras Patria y vida y Crónicas del absurdo abordan los costos personales y profesionales que enfrentan los artistas por ejercer su libertad creativa.

En el caso de Corazón azul, consideró que demuestra cómo la ciencia ficción también puede convertirse en una herramienta para cuestionar el poder. Por su parte, 100 años juntos lleva la mirada hacia las consecuencias íntimas de la crisis cubana.

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'Plantadas', película sobre presas políticas cubanas, gana premio del público en Miami Film Festival

Lilo Vilaplana: el cine como una forma de justicia histórica

La inauguración con Plantadas permitirá recuperar las historias de mujeres cubanas que sufrieron prisión política durante las primeras décadas del régimen castrista.

Su director, Lilo Vilaplana, destacó a ADN Cuba el significado de que la película forme parte de una iniciativa que busca promover la democracia mediante el cine.

"Plantadas no es solamente una película sobre el pasado de Cuba. Es una película sobre la libertad, sobre la dignidad humana y sobre el derecho de un pueblo a vivir sin miedo", expresó.

Para el realizador, estos espacios permiten que los testimonios de las víctimas trasciendan generaciones y lleguen a públicos que desconocen esa parte de la historia cubana. "La memoria también es una forma de justicia. Y mientras una injusticia no sea contada, documentada y reconocida, queda una deuda con quienes la padecieron", sostuvo.

Vilaplana considera que existen paralelismos entre las mujeres retratadas en su película y las cubanas encarceladas por motivos políticos en años recientes.

"Han cambiado los años, pero no la esencia de la represión. Cambian los nombres, cambian las circunstancias, pero permanece la misma maquinaria: castigar a quien piensa distinto, intimidar a las familias y tratar de convertir el miedo en una herramienta de control", afirmó.

La película, realizada con el apoyo del exilio cubano, ha obtenido siete premios internacionales, según explicó el director. Su hijo Camilo Vilaplana, codirector de la cinta, participará en Bogotá en representación de la producción.

Vilaplana también adelantó a ADN Cuba que trabaja en un nuevo largometraje dedicado a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), los campos de trabajo forzado que funcionaron en Cuba entre 1965 y 1968. El proyecto ya cuenta con investigación y guion terminados, aunque todavía busca financiamiento.

"Mi compromiso sigue siendo el mismo: hacer justicia histórica a través del cine", aseguró.

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Fotograma de la cinta Corazón Azul, del cubano Miguel Coyula

Miguel Coyula: hacer cine independiente pese a la censura

Otro de los realizadores cubanos con una presencia destacada en el festival es Miguel Coyula, seleccionado con dos producciones que abordan desde lenguajes diferentes las contradicciones del proyecto revolucionario.

Corazón azul plantea una historia de ciencia ficción en torno a un experimento genético del régimen cubano para construir al llamado "hombre nuevo", mientras Crónicas del absurdo recoge, mediante grabaciones de audio, los obstáculos que el cineasta y la actriz Lynn Cruz enfrentaron durante los diez años de rodaje de la primera película.

"Ambas comparten una visión distópica de lo que fue el sueño de justicia social que prometió la revolución cubana", explicó Coyula a ADN Cuba.

El director señaló que las dificultades para producir y exhibir cine independiente en la isla siguen vinculadas al control de las instituciones culturales. "Sí se puede hacer cine independiente, pero lamentablemente no todo el mundo puede o está dispuesto a las consecuencias… no solo de la censura de la obra específica, sino del ostracismo cultural dentro de la isla", afirmó.

Coyula cuestionó las condiciones que, según sostiene, impone el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) a los proyectos que reciben respaldo institucional.

También aseguró que el Estado ha cerrado los espacios de diálogo con la Asamblea de Cineastas Cubanos, un movimiento que ha reclamado mayores garantías para la creación artística.

"En mi caso creo que la única forma es seguir filmando, fuera de las instituciones. Al menos esa es la única resistencia que conozco y por la que vale la pena luchar", expresó.

Sus declaraciones refuerzan uno de los propósitos centrales del festival: ofrecer espacios de circulación y discusión para películas que encuentran obstáculos políticos o institucionales en sus países de origen.

Un festival gratuito que lleva el debate sobre democracia a las aulas

Más allá de las proyecciones, el FICD busca convertir el cine en una herramienta educativa. Las actividades se desarrollarán en diferentes instituciones colombianas, con exhibiciones gratuitas seguidas de conversaciones con directores y equipos de producción.

De acuerdo con su web, la programación incluye una inauguración el 22 de octubre, la semana principal de proyecciones del 26 al 30 y actividades formativas que se extenderán hasta noviembre.

Una de las principales apuestas de esta edición es la Escuela FICD, un programa gratuito de formación audiovisual dirigido a jóvenes latinoamericanos de entre 14 y 28 años, especialmente a quienes viven en contextos autoritarios o tienen acceso limitado a oportunidades culturales.

Mariottiz confirmó que la escuela comenzó sus actividades virtuales el 6 de octubre y que cuenta con más de 50 estudiantes inscritos. Por primera vez, también desarrollará sesiones presenciales en distintas ciudades colombianas.

"No queremos que los jóvenes solo vean películas, sino que aprendan a leerlas, a entender el contexto que hay detrás y, sobre todo, a hacer las suyas", explicó.

Para la coordinadora, el propósito del proyecto va más allá de exhibir obras cinematográficas: busca estimular el pensamiento crítico y ofrecer a nuevas generaciones las herramientas para documentar sus propias realidades.

"Queremos que el público salga inquieto, lleno de preguntas, mirando su propia realidad de forma crítica. Pero sobre todo queremos que se anime a crear y a denunciar lo que ve en su entorno", afirmó.

Siete años después de aquella primera semana dedicada al cine cubano, el festival regresa con una selección internacional en la que las historias de la isla vuelven a ocupar un lugar destacado.

"En Latinoamérica necesitamos un lugar seguro donde estas historias se puedan ver, discutir y cuestionar, y donde podamos hablar sin miedo de todo lo que pone en riesgo la democracia", concluyó.