7 historias reales de discriminación en Cuba

Aún existen en Cuba formas de discriminación que conviven solapadas en la sociedad. Esta lista basada en historias reales muestra ejemplos concretos.

1-    Testigos de Jehová.

Pedro y María Isabel viven en Santiago de Cuba. Ambos son Testigos de Jehová. En una ocasión en que Pedro optó por una plaza en una empresa, entre las averiguaciones que normalmente hacen en el CDR, se supo ese detalle, que si bien oficialmente no le impidió optar por el puesto, por comentarios de un amigo supo que fue lo que inclinó la balanza de forma desfavorable.

María Isabel también ha sufrido discriminaciones por su religión: siendo afectada tras un ciclón, se le negó el acceso a las facilidades temporales que requería y se le dijo que era por eso, por ser Testigo de Jehová.

En otra ocasión “me pasó en un hospital. Dije que era Testigo de Jehová cuando requería sangre y solicité que usaran un sustituto de sangre. Los médicos me irrespetaron e hicieron lo que le dio la gana. Me sentí mal, más que religiosa, me trataron como una demente”, señala.

La religión en Cuba fue por décadas un tema tabú, incluso la católica. A pesar de la flexibilización de los últimos años, los Testigos de Jehová sufren más las discriminaciones.

2-    Mujer

Yo he sufrido en carne propia la discriminación. No sé decirte cuántas veces me han pedido el carnet los policías para verificar si tengo antecedentes por prostitución, pero lo más reciente fue que una prima con el marido y el niño decidieron vacacionar en un hotel. Me embullaron y decidí sacar una reservación yo sola. En la agencia me dijeron que a una mujer, soltera, joven y cubana, no se le podía dar una reservación. Tuvimos que llamar al hotel y me dieron la misma respuesta. Al final, al niño de mi prima lo cambiamos y lo pusimos en la habitación mía y fue así como pude sacar la reservación, ¿qué te parece?”, explica Kenia.

Las mujeres, no solo en Cuba, siempre han sido víctimas de la discriminación.

Aquellas que se dedicaron alguna vez al viejo oficio de la prostitución saben en carne propia los estigmas que esto deja en la piel. Hasta las que no lo hicieron, pero lucen como una ante los ojos de un oficial de la ley, por ejemplo, son tratadas como “jineteras”.

3-    Estatus económico

Sergio trabaja en una productora audiovisual en La Habana. Por su ocupación se reúne con artistas y colegas en bares, restaurantes y cafés.

 Al principio llegaba a los lugares en Almendrón, y muchas veces ni me dejaban pasar y yo no sabía lo que pasaba. Me hice socio de un portero en un bar y me dijo que el problema es que tenía que llegar en taxi o en carro propio, pues ellos se reservaban el derecho de admitir sus clientes o no, y no era rentable para el dueño recibir alguien que llegara en un Almendrón. No era negocio tener una mesa ocupada con alguien así. Me sorprendió, pero realmente operan así. Ahora llego a los lugares, me quedo algunas cuadras cercas, y entonces cojo un taxi desde ahí. Da risa y es lamentable, pero funciona”, comenta.

En Cuba también pasa: según tienes, así vales.

4-    Homofobia

Supe de un aula donde había un profesor afeminado, no voy a decir que homosexual, y tanto alumnas como alumnos, hablaban igual que él. Confieso que no me agrada la idea de que a mi nieto le de clases un homosexual, temería que se convirtiera en un patrón a imitar. Y no quiero imaginar si fuera travesti. Creo que es tan legítimo el derecho de una persona de ser como desee y que lo acepten, como la preocupación de un padre por el bienestar de su hijo. Es complicado”, comenta Carol.

La discriminación a los homosexuales en Cuba es muy antigua. No por gusto fueron de las personas que más sufrieron durante el tristemente célebre Quinquenio Gris.

Aun quienes dicen aceptar casi todo o tolerar todo, admiten que no les agradaría que a sus hijos les educara una persona homosexual. Específicamente en la educación primaria es donde este tema es más sensible.

5-    Tiendas, bolsos y coches infantiles.

Ahora el colmo es que, con el coche donde uno lleva a los niños pequeños, no te dejan entrar. Me pasó en una tienda de Bayamo, me dijeron claramente que no, que si quería podía dejarlo en la puerta y que tampoco se hacían responsables. Tuve que hacerlo, y andaba con un pequeño bebé en brazos y cargando cosas como una loca. Fue una situación desagradable. ¿Hasta cuándo nos van a tratar en la tienda como si fuéramos unos ladrones?”, explica Carmen.

La despenalización del dólar y la creación de las famosas tiendas recaudadoras de divisas, destaparon, aún más, las diferencias entre las personas, esas que siempre estuvieron ahí pero que algunos insistían en negar.

Con las tiendas, desde el inicio, pasó algo singular, que muchos identifican con un fenómeno casi exclusivo de Cuba: al cliente nacional se le trata como un ladrón, no se le deja entrar con bolso, y se le revisa la mercancía al salir, mientras que al extranjero se le da un trato diferenciado.

6-    Embarazo y trabajo.

Siempre quise trabajar para el MININT por todos los beneficios. Pero qué decepción cuando informaron que solo buscaban psicólogos varones... Internamente me enteré, con amistades, que en los últimos años habían entrado mujeres y que en poco tiempo salían embarazadas y que esto suponía un problema. No me sentí mal por ser mujer y poder tener ese milagro, me sentí mal por la decepción al pasar cosas como esas y justamente en ese sector”, comenta Celia.

Es cierto que el embarazo supone ciertas limitaciones, pero en un país donde la población envejece, y donde las mujeres cada día paren menos, no debería permitirse la discriminación sobre ellas.

7-    Personas que cumplieron sanción de privación de libertad.

Antonio cometió un delito económico y pagó por ello varios años en prisión. Al salir tenía la necesidad de garantizarle un futuro a su familia, con tranquilidad y sin sobresaltos.

Pero qué difícil se me hizo conseguir trabajo. En el sector estatal cuando hacían averiguaciones siempre me daban la mala, nunca era por eso, pero yo sé que esa era la razón, imagínate, soy económico, no sé hacer otra cosa. En el sector privado también fue así. Gracias a un amigo de una paladar que me llevó de administrador, sino, no sé qué hubiese pasado. Lo que más me llamó la atención es que hasta en el sector privado hay prejuicios con eso, y todo el mundo no es igual. Yo buscaba una segunda oportunidad para demostrar que era confiable”, dice.

Para quienes cumplieron condenas, luchar por segundas oportunidades es nadar en un mar de prejuicios.

Imagen: Cortesía de Rolo Valdés.
Imagen: Cortesía de Rolo Valdés