Gritar, interrumpir, acusar, abandonar la sala.

Durante más de 60 años, la diplomacia cubana ha repetido un mismo patrón cuando el régimen es cuestionado: desviar la atención, atacar al interlocutor y evitar responder por lo que ocurre dentro de Cuba.

Aquí recogemos algunos de sus episodios más emblemáticos, desde la OEA hasta Naciones Unidas.
Porque confrontar no es explicar. Y atacar la pregunta no borra la realidad.