El régimen cubano reconoció este fin de semana un incremento y circulación simultánea de enfermedades arbovirales, respiratorias y diarreicas en el país, pero volvió a omitir cifras actualizadas sobre contagios, hospitalizaciones y fallecimientos, en momentos en que estimaciones internacionales sitúan en 7.133 los casos acumulados de dengue en Cuba durante 2026.
La viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, afirmó en la Televisión Cubana que la Isla atraviesa un aumento “estacional” de las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas, las hepatitis y las arbovirosis. La funcionaria mencionó la circulación de coronavirus endémicos y SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, además de influenza, dengue y chikungunya.
La intervención oficial se produjo después de meses sin información epidemiológica detallada por parte del Ministerio de Salud Pública (MINSAP).
Las autoridades han mantenido silencio sobre la evolución de estas enfermedades, mientras que ahora Peña García atribuyó parte del incremento de las arbovirosis a las altas temperaturas, las lluvias y la humedad, condiciones que favorecen la reproducción del mosquito Aedes aegypti.
La viceministra también vinculó la circulación de enfermedades diarreicas y hepatitis con la presencia de distintos virus y bacterias, en un contexto que, según reconoció, está marcado por limitaciones en los sistemas de saneamiento ambiental, el tratamiento del agua y la recogida de residuales.
En el caso del dengue, Cuba mantiene además la circulación de varios serotipos del virus. Un reporte epidemiológico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) registra para Cuba la presencia de los serotipos DENV-2, DENV-3 y DENV-4 durante 2026.
Mientras el MINSAP evita ofrecer un balance actualizado, el Global Dengue Observatory, un proyecto que integra datos epidemiológicos internacionales y utiliza modelos para cubrir vacíos de información, estima que Cuba acumuló 7.133 casos de dengue hasta el 18 de septiembre de 2026, una cifra equivalente a 7,4 veces el número esperado para este momento del año.
La cifra debe interpretarse como una estimación y no como un registro oficial cubano. El propio observatorio combina casos notificados con estimaciones para los periodos en los que no dispone de datos recientes.
El observatorio estimó 2.173 casos durante julio y 3.214 en agosto, lo que muestra un incremento importante en los meses más recientes incluidos en su modelación. La plataforma señala además que la temporada de dengue en Cuba se encuentra muy por encima del comportamiento esperado para la época.
La situación también ha sido reflejada por medios independientes. Infobae reportó que las autoridades reconocieron la coexistencia de dengue, chikungunya, hepatitis, COVID-19, influenza e infecciones diarreicas agudas sin proporcionar un balance actualizado de la magnitud de cada enfermedad.
La falta de estadísticas oficiales dificulta conocer el alcance real de la situación epidemiológica en la Isla. El propio Global Dengue Observatory explica que su sistema utiliza modelación para completar los periodos en los que existen retrasos o vacíos en la información reportada por los países.
El reconocimiento del MINSAP ocurre además en medio de problemas persistentes en las condiciones sanitarias del país, como los enormes basureros sin recoger.
La propia viceministra reconoció limitaciones relacionadas con el tratamiento del agua, el saneamiento y la recogida de residuos, factores que pueden favorecer la propagación de enfermedades infecciosas.
En septiembre, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) incluyeron a Cuba entre los países clasificados en la categoría de alta transmisión de dengue, además de señalar que se habían reportado al menos 10 casos entre viajeros procedentes de la Isla durante los tres meses anteriores.
Crisis sanitaria a finales de 2025
El reconocimiento actual del Ministerio de Salud Pública ocurre casi un año después de que Cuba atravesara una crisis epidemiológica marcada por la circulación simultánea de dengue, chikungunya y Oropouche, que inicialmente fue minimizada por las autoridades. En octubre de 2025, el régimen reconoció una alta incidencia de dengue y chikungunya y confirmó entonces tres fallecidos por dengue, mientras negaba que existiera un colapso hospitalario.
En noviembre de 2025, terminaron calificando como “epidemia” el brote de dengue, chikungunya y Oropouche, después de semanas de incremento de los contagios. Para entonces, las autoridades reportaban más de 21.000 casos acumulados de chikungunya y unos 2.360 de dengue, aunque reconocían que las cifras oficiales constituían un subregistro.
La situación continuó deteriorándose durante diciembre. Ese mes, el MINSAP reconoció 33 fallecimientos asociados a dengue y chikungunya: 12 por dengue y 21 por chikungunya, incluidos 21 menores de edad. Para el 19 de diciembre, la cifra oficial de muertos había ascendido a 55.
Durante aquella crisis también se multiplicaron las denuncias sobre hospitales desbordados, falta de medicamentos, reactivos y recursos para el diagnóstico, además de problemas de fumigación, acumulación de basura y agua estancada. Mientras medios independientes documentaban la presión sobre los servicios sanitarios, las autoridades insistían en que el sistema contaba con capacidad hospitalaria suficiente y rechazaban las versiones sobre un colapso.
El antecedente resulta relevante porque el nuevo reconocimiento de una circulación simultánea de dengue, chikungunya, hepatitis, COVID-19, influenza e infecciones diarreicas llega después de que el MINSAP mantuviera durante meses una información epidemiológica limitada. Ahora, nuevamente, las autoridades reconocen un incremento de enfermedades pero no ofrecen un balance actualizado que permita conocer la magnitud de los contagios, las hospitalizaciones o las muertes asociadas a la actual situación sanitaria.