Cristóbal Colón y el nacimiento de los derechos humanos modernos

Aunque el “descubrimiento” de Colón provocó atrocidades injustificables también hizo posible lo que pudiera verse como el primer debate internacional sobre derechos humanos
Cristóbal Colón y el nacimiento de los derechos humanos modernos
 

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El lunes 11 de octubre, Estados Unidos celebrará oficialmente el primer Día de los Pueblos Indígenas, tras una proclamación presidencial emitida por Joseph Biden para reconocer formalmente la polémica festividad, que se celebrará junto al Día de la Raza, también llamado Día de la Hispanidad.

Los congresistas demócratas han cedido a la presión que ha llevado a muchos estados del país a prohibir el Día de la Raza y a hacerse de la vista gorda ante la destrucción y el vandalismo de las estatuas del navegante genovés que desembarcó en las Bahamas el 12 de octubre de 1492.

La representante Nydia Velázquez, demócrata de Nueva York, tuiteó: "Hoy debería ser simplemente el #DíaDelPuebloIndígena, y sin embargo este día sigue siendo compartido con un maníaco genocida", en referencia a Cristóbal Colón.

Asimismo, la senadora Tammy Duckworth, demócrata de Illinois, tuiteó: "Espero que la gente aproveche este momento para reflexionar y aprender de nuestra historia. Los pueblos indígenas estaban aquí mucho antes del 'descubrimiento' de América, y son esenciales para nuestro futuro".

Pero, ¿son sinceros estos llamados a "reflexionar y aprender de nuestra historia"?

Si bien el “descubrimiento” de Colón provocó atrocidades injustificables y la muerte de millones de nativos, también hizo posible lo que pudiera considerarse como el primer debate internacional sobre derechos humanos registrado en la historia moderna.

Contrario a lo que la "Leyenda Negra" afirma, la situación de los pueblos indígenas de la América hispana no era fundamentalmente distinta a la de otros pueblos bajo el dominio de distintas potencias imperiales. 

Sin embargo, había diferencias fundamentales. 

Como señalaba Roberto Fernández Retamar en un artículo de la UNESCO, "en las conquistas llevadas a cabo por las demás potencias occidentales no faltaron los asesinatos y los actos de destrucción. Lo que sí les faltó fueron hombres escrupulosos que defendieran los derechos de los indios, y debates sobre la legitimidad de la conquista como el lanzado por los dominicos, que sacudió al Imperio español".

El domingo antes de la Navidad de 1511, casi dos décadas después del annus mirabilis de 1492 en España, una voz clamó desde el desierto del "Nuevo Mundo" en defensa de los pueblos indígenas que estaban siendo asesinados y esclavizados por los conquistadores. En un sermón ardiente, el fraile dominico Antonio de Montesinos le preguntó a sus compatriotas:

"Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tal cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus estas tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? "

Estas preguntas llegaron rápidamente a los pasillos de las grandes universidades ibéricas, e incluso a la corte del rey Fernando II, que convocó una comisión que finalmente aprobaría las Leyes de Burgos, un código destinado a amparar a los indígenas y a protegerlos de la esclavitud.

Igualmente, inspirado, el Papa Pablo II (1417-1471), emitió un proyecto de ley titulado Sublimis Deus en el que declaró que los nativos eran completamente humanos, tenían alma y derecho natural a la propiedad.

Pero fueron los escolásticos de la Escuela de Salamanca quienes llevarían este debate a la vanguardia de la tradición intelectual de Occidente. Al revisar y reinventar las ideas de Tomás de Aquino sobre el derecho natural, expresadas en la segunda parte de su Suma Teológica, los eruditos católicos, como Francisco Suárez, Luis de Molina y Francisco Vitoria, arribaron a la conepción de un ius gentium en el que se cuestionó el derecho a esclavizar a seres los humanos no europeos.

En el proceso de investigación de la Suma Teológica, los escolásticos concluyeron que la ley debe ser tratada como algo creado por la razón y la revelación y no simplemente como una construcción de la voluntad humana. Por lo tanto, el derecho natural era vinculante para toda la humanidad y "sus principios se aplicaban a situaciones cambiantes y pueblos diferentes", ya que, indirectamente, Dios era el autor de todas las leyes humanas.

Un ejemplo notable de este trabajo aplicado a la política del Nuevo Mundo fue el tratado De Indis (1539), de Francisco de Vitoria, en el que el teólogo español-romano demostraba que los nativos eran "verdaderos dueños" (veri domini) de sus propias posesiones, incluso si eran idólatras. En ese tratado, Vitoria mostró la disposición característica de la Escuela de Salamanca a desafiar las convenciones al refutar la opinión de Aristóteles sobre los derechos de propiedad de los bárbaros. Vitoria rechazó el tradicional "argumento del pecado" de los conquistadores sobre la base de que el pecado no cancela el derecho natural de propiedad de un individuo.

Igualmente, en De Iure Belli, Vitoria desafió los fundamentos teológicos que autorizaban al rey o el Papa a hacer la guerra contra los nativos. Como señala mi amigo, el profesor Thomas Izbicki:

“Vitoria rechazó la idea de que el emperador o el papa fueran los dueños del mundo. Negó que el emperador Carlos V pudiera quitarle los dominios a otros. Citó la Summa de ecclesia, de Juan de Torquemada para demostrar que la supremacía del Papa era espiritual, no temporal; y sostuvo que el Papa no podía obligar a los incrédulos a convertirse. Según Vitoria, el descubrimiento no era una justificación para la conquista; y refutó la opinión de que los pecados contra la naturaleza, como el canibalismo y el incesto, que eran excepciones a la inmunidad natural que el derecho canónico otorgaba a los no creyentes, justificaban la conquista. Había pecadores en todas las naciones, pero el Papa tampoco tenía derecho a hacer la guerra contra los cristianos culpables de pecado. Además, ni la supuesta elección voluntaria de los amerindios ni la idea de un don de Dios podrían justificar la conquista de su territorio”.

Eventualmente, se convirtió en un consenso entre la mayoría de los escolásticos hispanos que no se podía librar la guerra contra los no cristianos por razón de infidelidad a la fe y que la violencia solo se justificaba en defensa propia.

Estas ideas, en última instancia, influirían en personas como John Locke y los padres fundadores de los Estados Unidos y en su comprensión de los derechos naturales. Aunque no están perfectamente realizadas, estas ideas son los principios rectores de todas las constituciones occidentales, incluida la estadounidense. Un magnífico ejemplo de esto es la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que reconoció los derechos inherentes de los individuos y instituyó su protección.

Las ideas que vinieron al mundo en los años posteriores al desembarco de Colón en las Bahamas son particularmente importantes y deben celebrarse hoy más que nunca. Si bien las atrocidades cometidas no pueden justificarse, también es cierto que esas ideas contribuyeron al entendimiento universal de que todas las vidas tienen un valor esencial, independientemente de la raza o el credo.

Escrito por Johannes Schmidt

Johannes Schmidt Sacoto es un profesional de las relaciones públicas con sede en Washington, DC. Actualmente está cursando un posgrado en historia en la Universidad de Georgetown y anteriormente trabajó en casas de pensamiento sobre el libre mercado en Washington, D.C., y en Santiago, Chile.