Oleada de polvo del Sahara evitará huracanes en el Caribe

Una nueva oleada de polvo del Sahara avanza hacia el Caribe y, aunque es menor comparada con la enorme nube que afectó la región el pasado mes de junio, impedirá la formación de ciclones tropicales según pronostican expertos
Imagen satelital de la enorme oleada de polvo del Sahara que llegó en junio
 

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Una nueva oleada de polvo del Sahara avanza hacia el Caribe y, aunque es menor comparada con la enorme nube que afectó la región el pasado mes de junio, impedirá la formación de ciclones tropicales, según pronostican expertos.

El meteorólogo José Rubiera comentó en la estatal Televisión Cubana, que la llegada de partículas provenientes del desierto africano es normal en esta época del año. La oleada que arribará en los próximos días a las islas del Caribe, no causará afectaciones tan visibles como la de hace semanas, asegura.

Rubiera explicó que ese fenómeno del clima tiene la ventaja de impedir la formación de huracanes en el Atlántico, porque la atmósfera está cargada con aire muy seco que inhibe la lluvia.

Aunque dichas nubes comienzan a llegar en marzo y abril, la mayor cantidad de días bajo la condición atmosférica se produce habitualmente en junio y julio, y por su impacto se reportan daños en los ecosistemas terrestres y marinos, informó la agencia estatal Prensa Latina.

El pasado mes de junio el polvo del Sahara afectó a Cuba y a otras naciones caribeñas con las mayores concentraciones de partículas vistas en el último medio siglo.

“La capa de polvo sahariano ocasiona cielos blancos o blanquecinos, la disminución de las lluvias, y la elevación de la temperatura y la sensación térmica, que también ocurre, debido a que el polvo deja entrar la radiación solar, aunque difusa”, explicó Rubiera en la ocasión anterior.

Las nubes que llegan desde el desierto, atravesando el atlántico, vienen cargadas con partículas de material altamente nocivas para la salud humana y contienen, además, minerales como hierro, calcio, fósforo, silíceo y mercurio, junto con virus, bacterias, hongos, ácaros patógenos, estafilococos y contaminantes orgánicos persistentes.

Sin embargo, hay otros efectos que hay que tener muy presentes según el reconocido científico: “Al ser el polvo un contaminante atmosférico y aparecer en altas concentraciones, el polvo llega al aire que respiramos, lo que ocasiona trastornos, especialmente en personas asmáticas o alérgicas, que debe extremar sus precauciones; también puede presentarse tos, inflamación de garganta, ojos rojizos, llorosos y con escozor”.

Recomendó en estas circunstancias el uso de la mascarilla sanitaria o “nasobuco”.

Otros expertos han explicado que dichas nubes son generadas por las tormentas de arena y polvo del desierto del Sahara y el Sahel, las cuales pueden alcanzar alturas de tres a siete kilómetros.

Una vez emergidas del continente africano, avanzan en dirección oeste bajo el flujo de los vientos alisios, propagándose por el océano Atlántico hasta alcanzar el mar Caribe, Cuba, el sudeste de Estados Unidos, México y Centroamérica.

Según los especialistas, el fenómeno contribuye a acentuar la sensación de calor y, aunque disminuye la probabilidad de lluvias en las áreas bajo su influencia, tiende a favorecer el aumento de la actividad eléctrica.

El Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología advirtió en junio que hay un 60 % de posibilidades de que la isla sufra el azote de un ciclón entre el 1 de junio y el 30 de noviembre.

Este año el inicio oficial de la temporada de ciclones se manifestó anticipadamente con dos tormentas tropicales con nombre -Arthur y Bertha- ambas originadas en mayo pasado cerca de las costas de Florida y Carolina del Sur, en los Estados Unidos.

 

 

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